La carta de recomendación

La carta de recomendación

Lee atentamente el siguiente relato:           La carta de recomendación Autor: Eduardo Wilde Hace poco se presentó en casa, el señor don Pedro Romualdo Mosqueira, que era portador de una carta de recomendación para mí. Atendiendo a ella, pregunté a don Romualdo en qué podía serle útil. ―Me han dicho, señor ―me contestó―, que usted es algo relacionado aquí y quería que me diera una cartita para algunos de sus amigos. ―Perfectamente; ¿en qué desearía ocuparse? ―En una empresa de diarios, por ejemplo. ―Muy bien. ¿Sabe usted leer? ―No, señor. ―Perfectamente; tome usted asiento un instante. Dicho y hecho; tomo la pluma y escribo: Señor don Eduardo Dimet, director y propietario del “Nacional”. Estimado amigo: Le presento a usted al señor don Pedro Romualdo Mosqueira...

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Isis

Isis

Lee atentamente el siguiente relato:         Isis Silvina Ocampo Su nombre era Elisa, pero le decían Lisi; algunos quitándole la 1 y agregándole una s le dijeron Isis. Estaba siempre sentada en la ventana, mirando. Yo vivía en la planta baja de la misma casa. Los que pasaban por la calle decían: –Ahí esta la idiota. –Y miraban para arriba como si vieran un globo o una cometa. Tenía muñecas, tenía libros, tenía cajas con diferentes juegos de paciencia, pero nunca jugaba con ellos. Después de comer y de dormir se colocaba frente a la ventana. Desde esa ventana se divisaba en primer plano la calle por donde pasa el tranvía, el vendedor de helados, el afilador y el carro lleno de canastos y de sillas de mimbre; en segundo plano, el Jardín Zoológico y (después lo...

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Chango sin espuelas

Chango sin espuelas

Lee atentamente el siguiente relato:         Chango sin espuelas de Ángel María Vargas Se apean de los burros y atan las riendas en los gajos del enorme algarrobo que vuelca su hirsuta bondad sobre el patio de la escuela. El viento se lleva la nubecita de polvo que ha venido siguiéndolos por el camino, como un perro lanudo, y se entretiene, ahora, en peinar las matas de verdolaga estiradas en el mojinete de la casucha, en sacudir la caña que sostiene la bandera y en golpear las ventanillas de la escuela. Antes de perderse en la llanura, le revuelve las polleras a una gallina y silba en un tinajón abandonado por donde saca las orejas un gato barcino. Teresa, la criadita de la maestra, hace gemir la campana en lamentos de bronce. El tañido, sin duda, ha de rebotar...

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El Cuento Fantástico: Actividad con Videos

El Cuento Fantástico: Actividad con Videos

Lee el siguiente relato y luego observa detenidamnente cada video.         El crimen perfecto Enrique Anderson Imbert Creí haber cometido el crimen perfecto. Perfecto el plan, perfecta su ejecución. Y para que nunca se encontrara el cadáver lo escondí donde a nadie se le ocurriría buscarlo: en un cementerio. Yo sabía que el convento de Santa Eulalia estaba desierto desde hacía años y que ya no había monjitas que enterrasen a monjitas en el cementerio. Cementerio blanco, bonito, hasta alegre con sus cipreses y paraísos a orillas del río. Las lápidas, todas iguales y ordenadas como canteras de jardín alrededor de una hermosa imagen de Jesucristo, lucían como si las mismas muertas se encargasen de mantenerlas limpias. Mi error: olvidé que mi víctima había sido un...

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