Matar a un perro

Matar a un perro

Lee atentamente el siguiente relato:         Matar a un perro Samantha Schweblin El Topo dice: nombre, y yo contesto. Lo esperé en el lugar indicado y me pasó a buscar en el Peugeot que ahora conduzco. Acabamos de conocernos. No me mira, dicen que nunca mira a nadie a los ojos. Edad, dice, cuarenta y dos, digo, y cuando dice que soy viejo pienso que él seguro tiene más. Lleva unos pequeños anteojos negros y debe ser por eso que le dicen el Topo. Me ordena conducir hasta la plaza más cercana, se acomoda en el asiento y se relaja. La prueba es fácil pero es muy importante superarla y por eso estoy nervioso. Si no hago las cosas bien no entro, y si no entro no hay plata, no hay otra razón para entrar. Matar a un perro a palazos en el puerto de Buenos Aires es la...

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Somari de los soñadores

Somari de los soñadores

Lee atentamente las siguientes poesías:         Somari de los soñadores Gustavo Pereira Si no fuera por los soñadores el mundo sería una basura y caverna lóbrega nuestro lecho   Si no fuera por los soñadores ¿qué sentido tendría todo esto? Los búhos serían amos del día y los garrotes terminarían por escribir las únicas palabras.   Somari de la eternidad Gustavo Pereira Todo empieza y termina en la eternidad pero la eternidad no sabe de nosotros Sus pobres soñadores.   Somari Gustavo Pereira La solitaria cresta del mar apura su último sorbo de sol.   Para tener en cuenta: ¿Qué es un “somari”? El poeta venezolano Gustavo Pereira creó el término “somari” para referirse a sus poemas de carácter breve, sin restricciones de forma y con un elemento cargado de...

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El primer amanecer

El primer amanecer

Lee atentamente el siguiente relato:         El primer amanecer Juan Rivera Saavedra Después de seis meses de su llegada a aquel planeta, de seis meses de noches interminables, empezó a amanecer. Surgió el sol, se agigantó en el firmamento y se fue encendiendo lentamente de un intenso color rojo. Era el primer amanecer. Abajo, el calor era insoportable. Las pistas empezaron a deshacerse, a correr como agua, y ya nadie pudo caminar sobre ellas. Las casas parecían verdaderos hornos, pero sus ocupantes no se atrevieron a salir por temor a morir quemados. El pueblo, entonces, en un arranque de impotencia, maldijo la bomba atómica y la de hidrógeno, por cuya causa se encontraban en otro planeta sufriendo aquel calor inesperado. Mas el sol siguió ardiendo. Las casas...

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