El marinero de Ámsterdam

El marinero de Ámsterdam

Lee atentamente el siguiente relato:         El marinero de Ámsterdam Guillaume Apollinaire I El bergantín holandés Alkmar regresaba nuevamente de Java, cargado de especias y otros elementos preciados. Hizo escala en Southampton y se autorizó a la tripulación a bajar a tierra. Uno de ellos, Hendrijk Versteeg, traía un mono en el hombro derecho, un loro en el izquierdo y, pendiente de la espalda, una farda de tejidos hindúes, que pensaba vender en la ciudad junto con los animales. Era el inicio de la primavera y anochecía pronto. Hendrijk Versteeg caminaba velozmente por las calles un poco sombrías que apenas iluminaba la luz de gas. El marino pensaba en su pronto regreso a Ámsterdam, en su madre, a quien hacía tres años que no veía, en su novia, que lo aguardaba...

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El Minotauro

El Minotauro

Lee detenidamente el siguiente mito:         El Minotauro    En la mitología griega, el Minotauro era un monstruo que tenía cabeza de toro y cuerpo de hombre. Era hijo de Pasífae, reina de Creta, y de un toro blanco como la nieve, que el dios Poseidón le había enviado al marido de Pasífae, el rey Minos, para que lo sacrificara. Sin embargo, Minos no quiso sacrificar al animal, entonces, Poseidón, en castigo por la desobediencia, hizo que Pasífae, se enamorara del toro; de la unión de ambos nació el Minotauro. Después del nacimiento de éste, Minos ordenó al arquitecto Dédalo la construcción de un laberinto tan intrincado, que fuera imposible salir de él sin ayuda. Allí fue encerrado el Minotauro y lo alimentaban con jóvenes doncellas. El héroe griego Teseo quiso...

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Los dos reyes y los dos laberintos

Los dos reyes y los dos laberintos

Lee reflexivamente el siguiente texto:         Los dos reyes y los dos laberintos Jorge Luis Borges    Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró...

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