En la cripta

En la cripta

Lee atentamente el siguiente relato:         En la cripta H.P. Lovecraft Dedicado a C.W. Smith, que sugirió la idea central. Nada más absurdo, a mi juicio, que esa tópica asociación entre lo hogareño y lo saludable que parece impregnar la sicología de la multitud. Mencione usted un bucólico paraje yanqui, un grueso y chapucero enterrador de pueblo y un descuidado contratiempo con una tumba, y ningún lector esperará otra cosa que un relato cómico, divertido pero grotesco. Dios sabe, empero, que la prosaica historia que la muerte de George Birch me permite contar tiene, en sí misma, ciertos elementos que hacen que la más oscura de las comedias resulte luminosa. Birch quedó impedido y cambió de negocio en 1881, aunque nunca comentaba el asunto si es que podía...

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Martina está inquieta

Martina está inquieta

Lee atentamente el siguiente relato:         Martina está inquieta Camila Cecilia Contigiani Tres compañeritas rodean a Mauricio. Su atención la había tenido, a ella, como el centro: compartir el recreo, esperar a que termine de copiar la tarea, acompañarla hasta que su mamá llegue. Otras niñas intercambian papeles con Mauricio. Sin ignorarla, no la atiende: ¿jugaremos nuevamente a la pelota?; ¿vendrá a mi cumpleaños?; ¿vio el dibujo que escondí en su mochila? Mauricio no percibe las preguntas que la enredan por dentro. Sus nuevas cómplices lo asisten para lograr un dibujo especial. Ellas no saben para quién es. Martina no sabe que Mauricio no sabe dibujar corazones. Actividades 1. Según tu opinión, ¿cuál es el motivo por el cual las preguntas se le enredan por...

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El fin

El fin

A continuación, lee atentamente el siguiente relato:       EL FIN Jorge Luis Borges Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente… Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aún quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó, hasta dar con un cencerro de bronce que había el pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta...

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