Temores injustificados

Temores injustificados

Lee atentamente el siguiente relato:         Temores injustificados Fernando Sorrentino Yo no soy demasiado sociable, y muchas veces me olvido de mis amistades. Tras casi dos años, en esos días de enero de 1979 —tan calurosos—, fui a visitar a un amigo que sufre de temores un poco injustificados. Su nombre no viene al caso: pongamos que se llama —es un decir— Enrique Viani. Cierto sábado de marzo de 1977 su vida sufrió un cambio bastante notable. Resulta que, estando esa mañana en el living de su casa, cerca de la puerta del balcón, Enrique Viani vio, de pronto, una «enorme» —según él— araña sobre su zapato derecho. No había terminado de pensar que ésa era la araña más grande que había visto en su vida, cuando,...

Leer Más

Producción de un cuento Fantástico

Producción de un cuento Fantástico

A continuación, lee el siguiente fragmento del relato de Enrique Anderson Imbert.         …………………………………. Jacobo, el niño tonto, solía subirse a la azotea y espiar la vida de los vecinos. Una noche de verano, el farmacéutico y su señora estaban en el patio, bebiendo un refresco y comiendo una torta, cuando oyeron que el niño andaba por la azotea. -¡Chist! –cuchicheó el farmacéutico a su mujer-. Ahí está otra vez el tonto. No mires. Debe estar espiándonos. Le voy a dar una lección. Sígueme la conversación como si nada. Entonces, alzando la voz, dijo: -¡Esta torta está sabrosísima! Tendrás que guardarla cuando entremos: no sea que alguien se la...

Leer Más

Cosas que ya no existen

Cosas que ya no existen

Lee atentamente el siguiente relato:         Cosas que ya no existen Cristina Fernández Cubas Teófilo era un hombre honrado, además de un excelente relojero. Como buen medidor del tiempo sabía que un día u otro iba a tener que despedirse de este mundo, pero estaba tan ocupado que nunca se había detenido a meditar acerca del terrible momento. Cierta mañana, sin embargo, la campanilla de la puerta sonó de una forma peculiar. “Es ella”, murmuró y, como en un sueño, se sintió golpeado por sus sesenta y cinco años, el pesar de no haber tomado esposa, y un imparable desasosiego al percatarse de que ya era tarde para pensar en un heredero que perpetuase su memoria y llorase su ausencia. – Esto se acaba –comprendió. Y,...

Leer Más