Producción de un cuento Fantástico

Producción de un cuento Fantástico

A continuación, lee el siguiente fragmento del relato de Enrique Anderson Imbert.         …………………………………. Jacobo, el niño tonto, solía subirse a la azotea y espiar la vida de los vecinos. Una noche de verano, el farmacéutico y su señora estaban en el patio, bebiendo un refresco y comiendo una torta, cuando oyeron que el niño andaba por la azotea. -¡Chist! –cuchicheó el farmacéutico a su mujer-. Ahí está otra vez el tonto. No mires. Debe estar espiándonos. Le voy a dar una lección. Sígueme la conversación como si nada. Entonces, alzando la voz, dijo: -¡Esta torta está sabrosísima! Tendrás que guardarla cuando entremos: no sea que alguien se la...

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Cosas que ya no existen

Cosas que ya no existen

Lee atentamente el siguiente relato:         Cosas que ya no existen Cristina Fernández Cubas Teófilo era un hombre honrado, además de un excelente relojero. Como buen medidor del tiempo sabía que un día u otro iba a tener que despedirse de este mundo, pero estaba tan ocupado que nunca se había detenido a meditar acerca del terrible momento. Cierta mañana, sin embargo, la campanilla de la puerta sonó de una forma peculiar. “Es ella”, murmuró y, como en un sueño, se sintió golpeado por sus sesenta y cinco años, el pesar de no haber tomado esposa, y un imparable desasosiego al percatarse de que ya era tarde para pensar en un heredero que perpetuase su memoria y llorase su ausencia. – Esto se acaba –comprendió. Y,...

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El suicida

El suicida

Lee atentamente el siguiente relato:         El suicida Enrique Anderson Imbert Al pie de la Biblia abierta -donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo- alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó. Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno. ¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revólver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien -¿pero quién, cuándo?- alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en...

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