Cuento con Ogro y Princesa

Cuento con Ogro y Princesa

Lee atentamente el siguiente relato:         Cuento con ogro y princesa Ricardo Mariño Fue así: yo estaba escribiendo un cuento sobre una Princesa. Las princesas, ya se sabe, son lindas, tienen hermosos vestidos y, en general, son un poco tontas. La Princesa de mi cuento había sido raptada por un espantoso Ogro. El Ogro había llevado a la Princesa hasta su casa-cueva. La tenía atada a una silla y en ese momento estaba cortando leña: pensaba hacer “princesa al horno con papas”. Las papas ya las tenía peladas. Es decir había que salvar a la Princesa. Pero no se me ocurría cómo salvarla. El cuento estaba estancado en ese punto: el Ogro dele y dele cortar leña y la Princesa, pobrecita, temblando de miedo. Me puse nervioso. Más todavía cuando el Ogro terminó de...

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El ogro con plumas

El ogro con plumas

Lee atentamente el siguiente texto:         El ogro con plumas Ïtalo Calvino Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que enfermó gravemente. El mago de la corte le advirtió que sólo podría curarse con una pluma del ogro de la montaña. Era algo muy difícil de conseguir, puesto que el ogro devoraba a todos los que se le acercaban. Pero un joven soldado, valiente y leal, sintió pena por el monarca. Se puso en camino y, cuando llegó la noche, entró en una posada, ––El ogro vive en una de las siete cavernas de la cima ––le dijo el posadero––. Si te atreves, pregúntale por mi hija, quien desapareció hace muchos años. ¿Y no me traerías también a mí una de sus plumas? ––Lo que pides tendrás ––dijo el joven. Por la mañana, el joven partió y llegó hasta la orilla de...

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La princesa manca

La princesa manca

Lee atentamente el siguiente relato:         La princesa manca Martín Garzo, Gustavo […] También el rey era así. Un hombre animoso y sencillo, poco dado a las pompas, que era capaz de bajarse de su carroza, arremangarse sus camisones reales, y ponerse sin ningún desdoro 1 a ayudar a un albañil a preparar la masa o a transportar la arena en su carretilla. Era una sabia idea. No había oficios mejores ni peores, ni nadie era superior a los otros por desempeñar uno de esos trabajos, casi siempre relacionados con la utilización de las manos, que en otros lugares son juzgados como propios de hombres inferiores. Pero el rey estaba casado, y su joven esposa iba a dar a luz. El aire temblaba aquel día con el sonido de las campanas, y por todas las partes se activaban los...

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