Redondo, el contertulio

Redondo, el contertulio

Lee atentamente el siguiente relato:         Redondo, el contertulio Miguel de Unamuno Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas, las únicas que de veras vivió, de su juventud larga. Porque para Redondo, la patria no era ni la nación, ni la región, ni la provincia, ni aun la ciudad en que había nacido, criádose y vivido; la patria era para Redondo aquel par de mesitas de mármol blanco del café de la Unión, en la rinconera del fondo de la izquierda, según se entra, en torno a las cuales se había reunido día a día, durante más de veinte años, con sus amigos, para pasar en revista y crítica todo lo divino y lo humano y aun algo más. Al llegar...

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La yararacusú

La yararacusú

Lee atentamente el siguiente relato:         La yararacusú Horacio Quiroga Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará. Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles. En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas....

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Verde esmeralda

Verde esmeralda

Lee atentamente el siguiente relato:         Verde esmeralda Rogelio Flores La puerta al final del pasillo era de roble. Tenía una ventana traslucida, y al interior, una pequeña persiana que era cerrada en su totalidad cuando el propietario del despacho debía ausentarse, lo que por cierto, era el pan de cada día. Su trabajo así lo demandaba. A veces transcurrían jornadas enteras en las que no se encontraba a nadie que atendiera el negocio, por lo menos, no en horas laborales. El lugar era habitado más bien en la noche. Su dueño, David Manzini, italoamericano de Brooklyn recién avecindado en Los Ángeles, había intentado tener una secretaria para que contestara las llamadas o para que recibiera a los posibles interesados en sus...

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