El Cambarangá

El Cambarangá

Lee atentamente el siguiente relato:         El Cambarangá Autor: Mateo Booz I Al día siguiente se celebraba la festividad de San Baltasar. La procesión y las velaciones se harían en Tacuarendí. Concurrirían los devotos desde apartados distritos del Departamento. Selén Heredia no faltaría. En los dos años anteriores había hecho de cambarangá, tan bizarramente, que ahora le rogaban otra repetición. Guardaba en su rancho del Sombrerito el traje de ceremonia: pantalón, chaqueta y capa de coco punzó y un gorrete con guarniciones plateadas. Tenía también una mixtura para ennegrecerse la cara, que le proporcionó el droguero de San Antonio de Obligado. El contratista del obraje le arregló las cuentas. Y al promediar la siesta se puso...

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Cajas de cartón

Cajas de cartón

Lee atentamente el siguiente relato:         Cajas de cartón Francisco Jiménez Era a fines de agosto. Ito, el aparcero, ya no sonreía. Era natural. La cosecha de fresas terminaba, y los trabajadores, casi todos braceros, no recogían tantas cajas de fresas como en los meses de junio y julio. Cada día el número de braceros disminuía. El domingo sólo uno – el mejor pizcador – vino a trabajar. A mí me caía bien. A veces hablábamos durante nuestra media hora de almuerzo. Así fue como supe que era de Jalisco, de mi tierra natal. Ese domingo fue la última vez que lo vi. Cuando el sol se escondía detrás de las montañas, Ito nos señaló que era hora de ir a casa. «Ya hes horra», gritó en su español mocho. Ésas eran las...

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Matar a un ratón

Matar a un ratón

Lee atentamente el siguiente relato:         Matar un Ratón Virgilio Díaz Grullón El niño recogió una pesada piedra de las que abundaban en el pequeño patio trasero de la casa, calculó cuidadosamente la puntería y la arrojó con fuerza contra el ratón que parecía observarlo atentamente a pocos pasos de distancia. La piedra, describiendo una corta parábola en el aire, cayó pesadamente sobre el espinazo del animal produciendo un ruido sordo. El ratón se arrastró un poco hacia el fondo del patio, se detuvo luego y haciendo una grotesca voltereta quedó por fin inmóvil con el vientre al sol. Dando media vuelta, el niño corrió velozmente hacia la casa. Abrió de un empujón la puerta y cruzó como una ráfaga de viento fresco la...

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