La tortura por la esperanza

La tortura por la esperanza

Lee atentamente el siguiente relato:         La tortura por la esperanza Enrique Anderson Imbert El venerable Pedro Arbués, Prior de los dominicos de Segovia y Gran Inquisidor de España,1 desciende una noche al calabozo donde retienen al rabí2 Abarbanel, quien a pesar de las torturas recibidas, se rehúsa a abjurar3 del judaísmo, y le dice con lágrimas en los ojos: –Hijo mío, alégrate: tus pruebas van a tener fin. El Santo Oficio ya no puede esperar más: en vista de que te obstinas en seguir siendo judío, mañana, para salvar tu alma, te quemaremos en un auto de fe.4 Dicho lo cual, se retira. El judío advierte que la puerta de la celda, por descuido, ha quedado entreabierta. Una mórbida5 idea de esperanza se agita en su cerebro,...

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El chico

El chico

Lee atentamente el siguiente relato:         El chico Juan Carlos Neyra La mañana era fría, el viento de la pampa amontonaba cardo ruso seco contra los alambrados; lunes para mejor. Recorrió un potrero y ahora volvía a comer el churrasco del almuerzo chico. Ató el redomón al palenque y caminó hacia la cocina. La mujer señaló un trozo que ya estaba asado. Comentaron el viento y el frío mientras él cortaba un pedazo de carne y lo colocaba sobre una rodaja de galleta. Comenzó a masticar lentamente, volvió a llenarse la boca y preguntó: ―¿El nene? ―En el galponcito, jugando con el gato. ―Se va a resfriar, hace frío. Ella no respondió. El hombre dijo: ―Andá tráilo, hace frío. La mujer advirtió la intención: usaba el...

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Espiral

Espiral

Lee atentamente el siguiente texto:         Espiral Enrique Anderson Imbert Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo obscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si ésa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de Luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la...

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