El pibe

El pibe

Lee atentamente el siguiente relato:         El pibe Cecilia Solá -¡La verdad es que no sé cómo llegaste a primer año vos, si no sabés ni escribir! Está enojado el profe, está harto de ese mocoso que se pasa la hora molestando o durmiendo en el banco, que no presta atención, que mira feo y contesta peor. El pibe también está enojado. Hace mucho que está enojado. Se revuelve en el banco y mira al compañero. -¿De qué te reís vos, pelotudo, querés que te cague a trompadas, maricón de mierda? – escupe, y su mano aprieta el lápiz que se quiebra con un chasquido que resuena como un tiro. Tiene manos grandes el pibe. Toscas, ásperas, manos que saben manejar el chicote con el que golpea al caballito que arrastra el carro con...

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El viejo

El viejo

Lee atentamente el siguiente relato:         EL VIEJO Luis Portalet No es fácil volver. Al regresar, después de un año, el viejo se cobraría los sufrimientos que le había hecho pasar a la vieja, propinándole unas poderosas trompadas en las costillas. Durante los meses que duró su aventura pasó hambre, frío, desesperación y, además, conoció gente buena, regular, mala y de lo peor… hasta que se convenció que el viejo no era tan malo. Vivir solo es difícil. Cuanto menos faltaba para llegar, más miedo sentía. Se acordaba del día en que Genaro le entregó el dinero para que fuera a comprar cigarrillos, cuando, caminando por la vereda, estrujaba los billetes en el bolsillo. Mucho tiempo esperó para librarse de la tutela de ese...

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La carretera (Fragmento)

La carretera (Fragmento)

Lee atentamente el siguiente relato:         La carretera Ray Bradbury La lluvia fresca de la tarde había caído sobre el valle, humedeciendo el maíz en los sembrados de las laderas, golpeando suavemente el techo de paja de la choza. La mujer no dejaba de moverse en la lluviosa oscuridad, guardando unas espigas entre las rocas de lava. En esa sombra húmeda, en alguna parte, lloraba un niño. Hernando esperaba que cesara la lluvia, para volver al campo con su arado de rejas de madera. En el fondo del valle hervía el río, espeso y oscuro. La carretera de hormigón —otro río— yacía inmóvil, brillante, vacía. Ningún auto había pasado en esa última hora. Era, en verdad, algo muy raro. Durante años no había transcurrido una hora sin...

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