El inocente

El inocente

Lee atentamente el siguiente relato:         El inocente Juan José Hernández A José Bianco Estábamos acostumbrados a que se dijera de Rudecindo que era una desgracia para su madre, que hubiera sido preferible que naciese muerto, y otras frases por el estilo que empezaban con un piadoso “Dios nos libre y guarde”, o “Que Dios no me castigue, pero…” y que terminaban con un suspiro de resignación. Cuando hablaba de su hijo doña Teresa ponía los ojos en blanco: –¡Qué habré hecho para merecer esta cruz! –se lamentaba. Mis tías, al oírla, se esforzaban por simular una expresión de tristeza adecuada a las circunstancias: –Una madre es siempre una madre –decían luego, sentenciosamente. Doña Teresa se ganaba la vida...

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Los regresos

Los regresos

Lee atentamente el siguiente relato:         Los regresos Raúl Dorra -1- A esta hora estaríamos en el puente. Seguro estaríamos. Ya lo veo al Mario tirado de espaldas, como está ahora, pero al lado del río. Respirando fuerte. Descansando un rato. Yo le enseñaría el lugar donde nos bañábamos siendo muchachos, porque él seguro ya no lo reconocería. -Allá al frente, donde está esa peñita. Había un remanso que la tapaba. Cada año el río viene más bajo. Pura piedra, ahora. Descansaríamos un rato y después subiríamos buscando el camino grande. Seguro pasaría algún camión; más hoy, que la gente quiere salir del pueblo y festejar en el campo. Seguro pasarían varios. Viajaríamos atrás, con los pies colgando. Yo lo sostendría...

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Minicuentos

Minicuentos

Lee atentamente los siguientes relatos:         Soledad Pedro de Miguel    Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara...

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