Prosas de mareo

Prosas de mareo

Realiza las siguientes actividades:         Antes de leer el cuento: Conociendo nada más que su título: “Prosas de mareo”, ¿de qué se tratará el cuento? Explica brevemente con tus palabras las respuestas. Ahora, lee el cuento: Prosas de mareo Autor: Macedonio Fernández Qué extraño me pareció que yo, Luciano, que era desde quince días el mucamo de faenas varias pero la más activa la de acudir a atender o a abrir la puerta a quien llamara, al volver esta noche de domingo de mi primer salida quincenal de la casa, de la que como digo era el mucamo porteril, retornando de la alegre comida con la familia de mis parientes, siempre abundante, cordial, animada y de buen vino, cosechado en la casa, sin adulteraciones que por esto nunca marea, lo aseguro, todo bien en suma...

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El almohadón de plumas

El almohadón de plumas

Lee atentamente el siguiente relato:   El almohadón de plumas de Horacio Quiroga Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer. Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre. La casa en que vivían influía un poco en sus...

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El amanuense

El amanuense

Lee el siguiente texto   El amanuense    Las seis de la tarde. Un erudito ruso bastante conocido  ―lo llamaremos sencillamente “un erudito”― está sentado en su despacho y se muerde nerviosamente las uñas.    ―¡Esto es sencillamente vergonzoso! ―exclama, sin apartar los ojos del reloj―. Esto es el colmo del desprecio por el tiempo y el trabajo ajenos. En Inglaterra este individuo no ganaría un centavo y se moriría de hambre. ¡Bueno, muchacho: ya verás!    Y sintiendo la necesidad de descargar su impaciencia y enojo sobre alguien, el erudito se acerca al cuarto de la mujer y la llama:    ―Óyeme, Katya ―dice, con voz indignada―. Si ves a Pyotr Danilych dile que la gente bien educada no se comporta así. ¡Esto es ignominioso! Me recomienda a un amanuense sin saber a...

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