Justo José

Justo José

Lee atentamente el siguiente relato:         Justo José Ricardo Güiraldes La estancia quedó, obsequiosamente, entregada a la tropa. Eran patrones los jefes. El gauchaje, amontonado en el galpón de los peones, pululaba felinamente entre el soguerío de arreos y recados. Los caballos se revolcaban en el corral, para borrar la mancha obscura que en sus lomos dejaran las sudaderas; los que no pudieron entrar atorraban en rosario por el monte, y los perros, intimados por aquella toma de posesión, se acercaban temblorosos y gachos, golpeándose los garrones en precipitados colazos. La misma noche hubo comilona, vicio y hembras, que cayeron quién sabe de dónde. Temprano comenzó a voltearlos el sueño, la borrachera, y toda esa carne maciza se...

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Es que somos muy pobres

Es que somos muy pobres

Lee atentamente el siguiente relato:         Es que somos muy pobres de Juan Rulfo Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada. Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce...

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El primer día de otra vida

El primer día de otra vida

Lee atentamente el siguiente relato:         El primer día de otra vida Carlos Ariel Genco Mamá me despertó y recordé cuál era este día, mi primer día de clases, aunque yo ya fui a jardín y ahí hicimos actividades escolares. Mamá dice que la primaria es parecido pero que no es lo mismo, hay más de una maestra y ¡ni te imaginás en la secundaria! Me había preparado varias excusas para este momento, hasta pensé en cortarme con un cuchillo y que ella viera sangre y diga: ¡Ay no, mi chiquitín, no vamos y te quedás en casa jugando! Pero vi la cara de ella, la mirada fija cuando me despertó y no había otra, había que ir. Desayunamos y salimos, en la calle cruzamos otros chicos que también tenían guardapolvo y a medida que nos...

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