Juan sin miedo

Juan sin miedo

Lee atentamente el siguiente relato:         Juan Sin Miedo Era un muchacho fuerte y robusto, de unos veinte años, que se llamaba Juan Sin Miedo, porque no tenía miedo a nada; de nada ni por nada. Siempre estaba diciendo: –Yo no sé lo que es el miedo y me gustaría saberlo. Un día que sus padres comentaban con el sacristán de la iglesia que su hijo no conocía el miedo y que le gustaría conocerlo, dijo el sacristán que él se comprometía a enseñarle lo que era el miedo; que fuera esa noche por su casa. Cuando llegó a casa el muchacho, le dijeron los padres lo que el sacristán había dicho y, después de cenar, se marchó Juan Sin Miedo a la casa del sacristán. Estaban acabando de cenar el sacristán y la sacristana, y después de estar hablando un rato de lo del miedo,...

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El Paje y el Rey

El Paje y el Rey

Lee atentamente el siguiente relato:         El Paje y el Rey (Cuento Europeo) Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente que, como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día, el rey lo mandó llamar. -Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto? -¿Qué secreto, Majestad? -¿Cuál es el secreto de tu alegría? -No hay ningún secreto, Majestad. -No me mientas, paje. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira. -No le miento, Majestad. No guardo ningún secreto. -¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh? ¿Por qué?...

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El zorro y el quirquincho

El zorro y el quirquincho

Lee atentamente el siguiente texto:         El zorro y el quirquincho El zorro tenía su chacra sin sembrar desde hacía varios años. Era mal labrador y nunca le había atraído el trabajo de la tierra. Esa tarea sedentaria y sucia le parecía indigna de él, tan apuesto, tan movedizo, tan amante de los largos viajes y de la buena cacería. Pero cada día que pasaba sentía con mayor apremio la necesidad de hacer producir aquella chacra inútil, pues no siempre andaban bien sus negocios y pasaba hambre con frecuencia. La solución estaba en encontrar un socio que trabajara por los dos. Pensó en seguida en el quirquincho, que es buen labrador y que como tiene fama de ser poco inteligente, fácilmente podría aprovecharse de su trabajo. Y así fue como buscó al quirquincho y le...

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