El real del sastre

El real del sastre

Lee detenida y atentamente el cuento que se presenta a continuación:         ———————————— Este era un infeliz, algo tramposo, que estaba empeñado con todos los vecinos, y como le aburrían demasiado pidiéndole su dinero, fingió una enfermedad y se metió en la cama. Los vecinos fueron a visitarle, se sentaron alrededor de su cama y, compadecidos, empezaron a decirle: – Lo que es por mí, no te apures. Yo te perdono las pesetas que me debes. – ¡Pobrecito! Y yo también. – Pues yo no quiero ser a menos, y también… Y así todos menos uno: el sastre. – A mí me debe un real y me lo paga. – Pero hombre, ¡ten caridad! ¿Tú no ves que se muere el pobrecito? – Si se...

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Las medias de los Flamencos

Las medias de los Flamencos

Lee atentamente el siguiente relato:   Las medias de los Flamencos Horacio Quiroga Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y los sapos, a los flamencos, y a los yacarés (1) y los pescados. Los pescados, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los pescados estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola. Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un collar de bananas, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se habían pegado escamas de pescado en todo el cuerpo, y caminaban meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río, los pescados les gritaban haciéndoles burla. Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies....

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La inundación

La inundación

Lee atentamente el siguiente relato:         LA INUNDACIÓN Cierta vez don Juan, el zorro, se había echado a dormir la siesta a la sombra de un sauzal, frente al río. Se despertó y quedó pasmado. Se venía la creciente con toda su furia. El río desbordado lo había dejado en un pedacito de tierra. El agua lo rodeaba por todas partes. La inundación lo agarró dormido, sorpresivamente. Y ahí estaba don Juan, rodeado de agua, mirando el “camalotaje” que pasaba flotando. -Ojalá –decía- apareciera un alma caritativa que me sacara de este aprieto. Así estaba pensando cuando vio asomar aguas abajo los ojos y la punta del hocico de un yacaré. -¡Epa, amigo! –le dijo-. ¿Por qué no me da una manito? Aunque no sé quién es usted. Entonces el yacaré sacó la cabeza y le contestó:...

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