La tortura por la esperanza

La tortura por la esperanza

Lee atentamente el siguiente relato:         La tortura por la esperanza Enrique Anderson Imbert El venerable Pedro Arbués, Prior de los dominicos de Segovia y Gran Inquisidor de España,1 desciende una noche al calabozo donde retienen al rabí2 Abarbanel, quien a pesar de las torturas recibidas, se rehúsa a abjurar3 del judaísmo, y le dice con lágrimas en los ojos: –Hijo mío, alégrate: tus pruebas van a tener fin. El Santo Oficio ya no puede esperar más: en vista de que te obstinas en seguir siendo judío, mañana, para salvar tu alma, te quemaremos en un auto de fe.4 Dicho lo cual, se retira. El judío advierte que la puerta de la celda, por descuido, ha quedado entreabierta. Una mórbida5 idea de esperanza se agita en su cerebro,...

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El chico

El chico

Lee atentamente el siguiente relato:         El chico Juan Carlos Neyra La mañana era fría, el viento de la pampa amontonaba cardo ruso seco contra los alambrados; lunes para mejor. Recorrió un potrero y ahora volvía a comer el churrasco del almuerzo chico. Ató el redomón al palenque y caminó hacia la cocina. La mujer señaló un trozo que ya estaba asado. Comentaron el viento y el frío mientras él cortaba un pedazo de carne y lo colocaba sobre una rodaja de galleta. Comenzó a masticar lentamente, volvió a llenarse la boca y preguntó: ―¿El nene? ―En el galponcito, jugando con el gato. ―Se va a resfriar, hace frío. Ella no respondió. El hombre dijo: ―Andá tráilo, hace frío. La mujer advirtió la intención: usaba el...

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El quirquincho músico

El quirquincho músico

Lee atentamente los siguientes textos:         El quirquincho músico (Leyenda boliviana) Aquel quirquincho viejo, nacido en un arenal de Oruro, acostumbraba pasarse horas y horas echado junto a una grieta de la peña donde el viento cantaba eternamente. El animalito tenía una afición musical innegable. ¡Cómo se deleitaba cuando oía cantar a las ranas en las noches de lluvia! Los pequeños ojos se le ponían húmedos de emoción y se acercaba, arrastrando su caparazón, hasta el charco, donde las verdes cantantes ofrecían su concierto. –¡Oh, si yo pudiera cantar así, sería el animal más feliz del altiplano! –exclamaba el quirquincho, mientras las escuchaba extasiado. Las ranas no se conmovían por la devota admiración que les...

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