El Jilguero y el Cisne

El Jilguero y el Cisne

Lee atentamente el siguiente texto:         El Jilguero y el Cisne Nadaba el cisne por el lago cuando escuchó al jilguero que, sentado en una rama, practicaba su canto. –¡Calla ese trino, pajarillo vocinglero! –exclamó el cisne–. ¡Hey! ¿Acaso es tu deseo provocarme a cantar? ¿No sabes que la dulce melodía de mi voz no ha encontrado igual entre las aves? Sin inmutarse, el jilguero siguió entonando su canto: “se levanta el sol, el rocío se va, los pájaros dicen ¿“cómo te va”? Y eran trinos y gorjeos que enmudecían el aire. Pero no al cisne, que siguió insistiendo: –Me insultas musiquillo. Habrase visto pájaro tan insolente. Agradece que soy prudente y no suelto mi canto para humillarte. El jilguero, cansado de la impertinencia del cisne, dejó de gorjear, de cantar....

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Los dos ratones

Los dos ratones

Leé el siguiente texto:         A veces las cosas no son como parecen…      “Los dos ratones”     Un ratón campesino, tan simpático como sencillo, que disfrutaba de su vida serena, fue visitado por cierto compañero de estudio que vivía en la gran ciudad.    Loco de contento por la visita, ofreció a su amigo en abundancia todas las delicias que él disfrutaba: habas y garbanzos, cortezas de jamón y un montón de manjares que había reunido para la ocasión.    El ratón ciudadano probó con cierto remilgo un poco de cada alimento, al terminar lo miró y le dijo:    –Hombre, no sé cómo podés vivir en un lugar así, los alimentos son demasiado sencillos, no hay sociedad ni diversión alguna, aquí lo único que consigue uno es aburrirse. Vení un día a la ciudad, a mi casa, y...

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El verdadero valor del anillo

El verdadero valor del anillo

Leé atentamente el siguiente texto:         El verdadero valor del anillo Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda. – Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más? El maestro, sin mirarlo, le dijo: – ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas! Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. – E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-. – Bien...

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