Cordeluna

Cordeluna

Lee atentamente el siguiente relato:         Cordeluna Barceló, Elia Habían acampado en un otero redondo, junto al río Jalón, en las proximidades de Alcocer, y el Cid, como empezaban a llamarlo ya tanto moros como cristianos, había mandado montar un campamento estable, con grandes tiendas sólidas, un buen foso de protección contra los ataques enemigos y una herrería de campaña para poder reparar de inmediato las herraduras de los caballos de batalla y mantener todas las armas en perfecto estado. Con ese despliegue y las frecuentes correrías que ordenaba por las tierras cercanas, don Rodrigo había atemorizado a los moros de la comarca hasta el punto en que ya habían decidido pagarle tributo a cambio de mantener la paz y, hacía apenas un mes, valiéndose de un...

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El idioma según Fontanarrosa

El idioma según Fontanarrosa

Lee atentamente el siguiente relato:         El idioma según Fontanarrosa En esta época de globalización, aggiornate o quedás afuera… ¿De qué carajo? Ni idea… Desde que a las insignias las llaman “pins”, a los maricones “gays”, a las comidas frías “lunchs” y a los repartos de cine “castings”, Argentina no es la misma. Ahora es mucho más moderna; durante muchos años, los argentinos estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y lo que todavía es peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los chicos leían revistas en vez de “cómics”, los jóvenes hacían asaltos en vez de “partys”, los estudiantes pegaban “posters” creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de “business” y los obreros, tan ordinarios ellos, a...

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La maldición

La maldición

Lee el siguiente relato y luego realiza las actividades que se proponen:       La maldición de Ricardo Mariño La muerta de peor carácter de todo el cementerio era Ana Maidana de Quintana. En vida, Ana había sido maestra y directora de escuela. Al cementerio había llegado hacía sólo un mes y los problemas con ella comenzaron ese mismo día. Tras un breve paseo entre las tumbas, Ana tuvo una reacción inesperada: se puso a gritar enojada. Su enojo se debía a una leyenda que vio en una placa de bronce: ¡José, te fuistes, pero sigues vivo en nuestros corasones! -“¿Fuistes” -pronunció Ana, exagerando la ese-. “¿corasssones?” Siguió caminando y pocos metros más allá otra leyenda llamó su atención: Cristina: te recuerdan tu esposo, higos y nietos. -¿Higos? ¿Los higos...

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