El mito de Aracne

El mito de Aracne

A continuación, lee atentamente el siguiente relato:       El mito de Aracne Aracne era una de las mejores tejedoras de toda Grecia, sus bordados eran tan maravillosos que la gente comentaba que sus habilidades le habían sido concedidas por Atenea, diosa de la sabiduría y patrona de los artesanos. Pero Aracne tenía un gran defecto, era una muchacha muy vanidosa y decía, continuamente, que ella era la mejor tejedora. Un día, la orgullosa Aracne, no puedo aguantar más los comentarios de sus vecinos y llegó a compararse con Atenea. Se paseaba el día lanzado desafíos a la diosa e invitándola a participar en un concurso para ver cuál de las dos tejía mejor. La diosa Atenea quiso darle una lección a Aracne y bajó desde el Olimpo a la Tierra para aceptar su reto. Entre...

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La princesa manca

La princesa manca

Lee atentamente el siguiente relato:         La princesa manca Martín Garzo, Gustavo […] También el rey era así. Un hombre animoso y sencillo, poco dado a las pompas, que era capaz de bajarse de su carroza, arremangarse sus camisones reales, y ponerse sin ningún desdoro 1 a ayudar a un albañil a preparar la masa o a transportar la arena en su carretilla. Era una sabia idea. No había oficios mejores ni peores, ni nadie era superior a los otros por desempeñar uno de esos trabajos, casi siempre relacionados con la utilización de las manos, que en otros lugares son juzgados como propios de hombres inferiores. Pero el rey estaba casado, y su joven esposa iba a dar a luz. El aire temblaba aquel día con el sonido de las campanas, y por todas las partes se activaban los...

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Cómo se fue Miguela

Cómo se fue Miguela

Lee atentamente el siguiente relato:         Cómo se fue Miguela Torrente Ballester, Gonzalo Miguela era su compañía. Lo mismo le daba que cantase o que contase relatos maravillosos. Estaban tan unidos que todo el mundo esperaba el matrimonio si de mayores no acontecían grandes cambios. Los tratos quedaron hechos antes de partir para el servicio. Ella tenía por su madre una casita en la playa, de un solo cuarto y cocina; él, un campo para maíz y viñedo. Quedaron en que ella labraría el campo durante la ausencia de él, y con lo que diese y con lo que Chuco pudiese ahorrar en la Armada, comprarían el ajuar. Chuco vino tres veces, una por año, vestido de azul, limpio y reluciente, y más pulido. Siempre traía consigo el acordeón, y sus historias marineras se...

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