El primer amanecer

El primer amanecer

Lee atentamente el siguiente relato:         El primer amanecer Juan Rivera Saavedra Después de seis meses de su llegada a aquel planeta, de seis meses de noches interminables, empezó a amanecer. Surgió el sol, se agigantó en el firmamento y se fue encendiendo lentamente de un intenso color rojo. Era el primer amanecer. Abajo, el calor era insoportable. Las pistas empezaron a deshacerse, a correr como agua, y ya nadie pudo caminar sobre ellas. Las casas parecían verdaderos hornos, pero sus ocupantes no se atrevieron a salir por temor a morir quemados. El pueblo, entonces, en un arranque de impotencia, maldijo la bomba atómica y la de hidrógeno, por cuya causa se encontraban en otro planeta sufriendo aquel calor inesperado. Mas el sol siguió ardiendo. Las casas...

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Nunca me pega

Nunca me pega

Lee atentamente el siguiente relato:         Nunca me pega Cecilia Solá – ¿Pero te pega? -me pregunta la policía, una chica jovencita, con el pelo recogido que me hace acordar un poco a mi hija. – ¿Te pega o no te pega, mamita? Decidite, porque no podemos andar tomando denuncias por boludeces- No sé qué decirle. Mi amiga me dijo que diga que sí, porque si no, no me van a dar pelota, pero no sé qué decir. Porque Dardo nunca me dio un puñetazo. Ni una cachetada, ni una patada, ni siquiera me empujó. Pero le tengo miedo, igual le tengo mucho miedo cuando hago algo que no le gusta y él me mira y hace ese gesto con las manos, como que aprieta algo, y después descarga un puñetazo contra la pared, cerquita, cerquita, de donde está mi cabeza, pero no me pega....

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El horno

El horno

Lee atentamente el siguiente relato:         El horno Joaquín Gómez Bas (adaptación) Era un invierno criminalmente frío. La idea se le ocurrió al abrir la tapa del horno y sentirse envuelto en una ola de aires caliente, achicharrante. Sería un verdadero negocio envasarlo y venderlo. Lo puso en práctica enseguida. Salió a la calle con un carrito de mano y casa por casa fue adquiriendo a precios de pichincha centenares de botellas vacías. Ya en su casa, encendió el gas del horno y aguardó a que se elevara la temperatura interior. Cuando consideró logrado el punto conveniente, abrió, metió la cabeza dentro, aspiró el aire abrasante y lo sopló en la primera botella, que tapó ajustadamente con un corcho. Repitió el procedimiento con unas cuantas y salió a venderlas....

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