Los regresos

Los regresos

Lee atentamente el siguiente relato:         Los regresos Raúl Dorra -1- A esta hora estaríamos en el puente. Seguro estaríamos. Ya lo veo al Mario tirado de espaldas, como está ahora, pero al lado del río. Respirando fuerte. Descansando un rato. Yo le enseñaría el lugar donde nos bañábamos siendo muchachos, porque él seguro ya no lo reconocería. -Allá al frente, donde está esa peñita. Había un remanso que la tapaba. Cada año el río viene más bajo. Pura piedra, ahora. Descansaríamos un rato y después subiríamos buscando el camino grande. Seguro pasaría algún camión; más hoy, que la gente quiere salir del pueblo y festejar en el campo. Seguro pasarían varios. Viajaríamos atrás, con los pies colgando. Yo lo sostendría...

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Minicuentos

Minicuentos

Lee atentamente los siguientes relatos:         Soledad Pedro de Miguel    Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara...

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La rana y el príncipe

La rana y el príncipe

Lee y escucha atentamente la siguiente canción:         La rana y el príncipe Él era un auténtico príncipe azul más estirado y puesto que un maniquí1, que habitaba un palacio como el de Sissí2 y salía en las revistas del corazón, que cuando tomaba dos copas de más la emprendía a romper maleficios a besos. Más de una vez, con anterioridad, tuvo Su Alteza problemas por eso. Un reflejo que a la luna se le escapó, en la palma de un nenúfar3 la descubrió; y como en él era frecuente, inmediatamente la reconoció. Ella era una auténtica rana común que vivía ignorante de tal redentor4, cazando al vuelo insectos de su alrededor sin importarle un rábano el porvenir5. Escuchaba absorta a un macho croar con la sangre alterada por la...

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