La yararacusú

La yararacusú

Lee atentamente el siguiente relato:         La yararacusú Horacio Quiroga Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará. Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas algunas especies se diferencian del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles. En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas....

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Verde esmeralda

Verde esmeralda

Lee atentamente el siguiente relato:         Verde esmeralda Rogelio Flores La puerta al final del pasillo era de roble. Tenía una ventana traslucida, y al interior, una pequeña persiana que era cerrada en su totalidad cuando el propietario del despacho debía ausentarse, lo que por cierto, era el pan de cada día. Su trabajo así lo demandaba. A veces transcurrían jornadas enteras en las que no se encontraba a nadie que atendiera el negocio, por lo menos, no en horas laborales. El lugar era habitado más bien en la noche. Su dueño, David Manzini, italoamericano de Brooklyn recién avecindado en Los Ángeles, había intentado tener una secretaria para que contestara las llamadas o para que recibiera a los posibles interesados en sus...

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El halcón que no volaba

El halcón que no volaba

Lee atentamente el siguiente relato:         El halcón que no volaba Cierto día, un rey recibió dos pequeños halcones como regalo y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenase para la caza. Pasados unos meses, el maestro informó al rey de que uno de los halcones no se movía de la rama del árbol en que lo habían dejado, a pesar de que el otro ya volaba perfectamente. El rey mandó llamar a sanadores, cazadores, cetreros y curanderos para que observasen al halcón, pero ninguno de ellos pudo hacer volar al ave, que, tras muchos intentos por parte de sabios y expertos, continuaba inmóvil en la rama. Casi desesperado, el rey prometió una recompensa a la persona que hiciera volar al ave. A la mañana siguiente vio con...

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