El pibe

El pibe

Lee atentamente el siguiente relato:         El pibe Cecilia Solá -¡La verdad es que no sé cómo llegaste a primer año vos, si no sabés ni escribir! Está enojado el profe, está harto de ese mocoso que se pasa la hora molestando o durmiendo en el banco, que no presta atención, que mira feo y contesta peor. El pibe también está enojado. Hace mucho que está enojado. Se revuelve en el banco y mira al compañero. -¿De qué te reís vos, pelotudo, querés que te cague a trompadas, maricón de mierda? – escupe, y su mano aprieta el lápiz que se quiebra con un chasquido que resuena como un tiro. Tiene manos grandes el pibe. Toscas, ásperas, manos que saben manejar el chicote con el que golpea al caballito que arrastra el carro con...

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El Otro Yo

El Otro Yo

Lee atentamente el siguiente relato:         El Otro Yo Mario Benedetti Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió...

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El viejo

El viejo

Lee atentamente el siguiente relato:         EL VIEJO Luis Portalet No es fácil volver. Al regresar, después de un año, el viejo se cobraría los sufrimientos que le había hecho pasar a la vieja, propinándole unas poderosas trompadas en las costillas. Durante los meses que duró su aventura pasó hambre, frío, desesperación y, además, conoció gente buena, regular, mala y de lo peor… hasta que se convenció que el viejo no era tan malo. Vivir solo es difícil. Cuanto menos faltaba para llegar, más miedo sentía. Se acordaba del día en que Genaro le entregó el dinero para que fuera a comprar cigarrillos, cuando, caminando por la vereda, estrujaba los billetes en el bolsillo. Mucho tiempo esperó para librarse de la tutela de ese...

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