Borges y Yo

Borges y Yo

Lee atentamente el siguiente relato:         Borges y yo Jorge Luis Borges Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me...

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Martina está inquieta

Martina está inquieta

Lee atentamente el siguiente relato:         Martina está inquieta Camila Cecilia Contigiani Tres compañeritas rodean a Mauricio. Su atención la había tenido, a ella, como el centro: compartir el recreo, esperar a que termine de copiar la tarea, acompañarla hasta que su mamá llegue. Otras niñas intercambian papeles con Mauricio. Sin ignorarla, no la atiende: ¿jugaremos nuevamente a la pelota?; ¿vendrá a mi cumpleaños?; ¿vio el dibujo que escondí en su mochila? Mauricio no percibe las preguntas que la enredan por dentro. Sus nuevas cómplices lo asisten para lograr un dibujo especial. Ellas no saben para quién es. Martina no sabe que Mauricio no sabe dibujar corazones. Actividades 1. Según tu opinión, ¿cuál es el motivo por el...

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El fin

El fin

A continuación, lee atentamente el siguiente relato:       EL FIN Jorge Luis Borges Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente… Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aún quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó, hasta dar con un cencerro de bronce que había el pie del catre. Una o dos veces lo...

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