El Otro Yo

El Otro Yo

Lee atentamente el siguiente relato:         El Otro Yo Mario Benedetti Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo. Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió...

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El viejo

El viejo

Lee atentamente el siguiente relato:         EL VIEJO Luis Portalet No es fácil volver. Al regresar, después de un año, el viejo se cobraría los sufrimientos que le había hecho pasar a la vieja, propinándole unas poderosas trompadas en las costillas. Durante los meses que duró su aventura pasó hambre, frío, desesperación y, además, conoció gente buena, regular, mala y de lo peor… hasta que se convenció que el viejo no era tan malo. Vivir solo es difícil. Cuanto menos faltaba para llegar, más miedo sentía. Se acordaba del día en que Genaro le entregó el dinero para que fuera a comprar cigarrillos, cuando, caminando por la vereda, estrujaba los billetes en el bolsillo. Mucho tiempo esperó para librarse de la tutela de ese...

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El idioma según Fontanarrosa

El idioma según Fontanarrosa

Lee atentamente el siguiente relato:         El idioma según Fontanarrosa En esta época de globalización, aggiornate o quedás afuera… ¿De qué carajo? Ni idea… Desde que a las insignias las llaman “pins”, a los maricones “gays”, a las comidas frías “lunchs” y a los repartos de cine “castings”, Argentina no es la misma. Ahora es mucho más moderna; durante muchos años, los argentinos estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y lo que todavía es peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los chicos leían revistas en vez de “cómics”, los jóvenes hacían asaltos en vez de “partys”, los estudiantes pegaban “posters” creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios...

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