Muy de mañana

Muy de mañana

Lee atentamente el siguiente relato:         Muy de mañana Aldecoa, Ignacio El hombre del puesto de melones tiene un perro, un perrillo atropellado, que arrastra una pata lastimosamente. El hombre y el perro duermen juntos, bajo una manta militar, en un nido de paja entre los melones. El hombre no habla con nadie, creo que ni siquiera con los clientes. Muy de mañana se despierta y en la fuente cercana se enjuaga la boca. Luego espera con la manta por los hombros, paseando, a que abran la primera taberna. El perro camina junto a él, olisquea en un sitio, se entretiene en otro. En la acera de enfrente una taberna abre a las siete y media. El hombre cruza la calle. Entra. Desde la puerta, por encima de los cristales esmerilados, fija los ojos en el puesto. Toma una...

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El mito de Aracne

El mito de Aracne

A continuación, lee atentamente el siguiente relato:       El mito de Aracne Aracne era una de las mejores tejedoras de toda Grecia, sus bordados eran tan maravillosos que la gente comentaba que sus habilidades le habían sido concedidas por Atenea, diosa de la sabiduría y patrona de los artesanos. Pero Aracne tenía un gran defecto, era una muchacha muy vanidosa y decía, continuamente, que ella era la mejor tejedora. Un día, la orgullosa Aracne, no puedo aguantar más los comentarios de sus vecinos y llegó a compararse con Atenea. Se paseaba el día lanzado desafíos a la diosa e invitándola a participar en un concurso para ver cuál de las dos tejía mejor. La diosa Atenea quiso darle una lección a Aracne y bajó desde el Olimpo a la Tierra para aceptar su reto. Entre...

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Día domingo

Día domingo

Lee atentamente el siguiente relato:         Día domingo Vargas Llosa, Mario Contuvo un instante la respiración, clavó las uñas en la palma de sus manos y dijo, muy rápido: «Estoy enamorado de ti». Vio que ella enrojecía bruscamente, como si alguien hubiera golpeado sus mejillas, que eran de una palidez resplandeciente y muy suaves. Aterrado, sintió que la confusión ascendía por él y petrificaba su lengua. Deseó salir corriendo, acabar: en la taciturna1 mañana de invierno había surgido ese desaliento íntimo que lo abatía siempre en los momentos decisivos. Unos minutos antes, entre la multitud animada y sonriente que circulaba por el parque Central de Miraflores, Miguel se repetía aún: «Ahora. Al llegar a la avenida Pardo. Me atreveré. ¡Ah, Rubén,...

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