La futura difunta

La futura difunta

Lee atentamente el siguiente relato:         La futura difunta Richard Matheson El hombrecillo abrió la puerta y entró; afuera quedó la deslumbradora luz del sol. Aquel hombrecillo larguirucho, de aspecto simple y ralo cabello gris, rondaría los cincuenta años o poco más. Cerró la puerta sin hacer ruido y se quedó en el lóbrego vestíbulo, en espera de que los ojos se le acostumbraran al cambio de luz. Vestía un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su pálido rostro aparecía sin transpiración a pesar del calor. Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la penumbra, se quitó el sombrero panamá y avanzó por el pasillo hasta el despacho: sus zapatos negros no hicieron ruido alguno al pisar sobre la alfombra. El empleado de...

Leer Más

Misterios al hilo

Misterios al hilo

Realiza la siguiente actividad:         MISTERIOS AL HILO Oche Califa ¿De qué color es mi abuela Rosa? ¿Qué marca de pantalones usa Bruce Lee? ¿Qué gusto tiene la Torre de Pisa? ¿Cómo se llaman los ascensores cuando bajan? ¿Cómo se entera uno cuando una cebra se levanta rayada? ¿Por qué es tan flaco el alambre? ¿Por eso mismo? ¿Con qué barre una bruja su casa? ¿Con una avioneta? …Y los buzos, ¿Nunca se enojan de que los manden al fondo? Si a un escarpín le dicen zoquete, ¿se agranda o se enoja? ¿Cómo harán para ser tan silenciosas las sierras de Córdoba? …Y los zapatos, ¿hace mucho que aprendieron a desatarse solos los cordones?   Actividades Inventa las respuestas (disparatadas o con humor) de cinco...

Leer Más

No oyes ladrar los perros

No oyes ladrar los perros

Lee atentamente el siguiente relato:         ¿No oyes ladrar los perros? Juan Rulfo –Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. –No se ve nada. –Ya debemos estar cerca. –Sí, pero no se oye nada. –Mira bien. –No se ve nada. –Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante. La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda. –Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los...

Leer Más