La bolsita maravillosa

La bolsita maravillosa

Lee atentamente el siguiente relato:         La bolsita maravillosa Un día, cuando yo estaba sentado en mi negocio, apareció un chino que quería venderme algunas cosas. Habló un rato y después, haciéndose el distraído, con un movimiento rápido agarró la bolsita que estaba sobre el mostrador y se fue, sin siquiera tratar de esconderla. Yo salí detrás de él, lo seguí unas cuadras y finalmente lo tomé de la ropa y le pedí que devolviera lo que me había robado. El chino no pareció ni siquiera preocuparse; dijo que yo estaba loco y trató de alejarme. Como empezamos a discutir, algunas personas se acercaron a curiosear. Me aconsejaron que fuera a ver al juez, para que éste hiciera justicia. Cuando el juez nos preguntó la razón de...

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La culpa es del robot

La culpa es del robot

Lee atentamente el siguiente cuento:         La culpa es del robot Daína Chaviano La Habana, 19 de febrero de 2157 Querido Reni:    Aprovecho que Leda va hacia Ganimedes y te envío estas líneas. Apenas se enteró de nuestra separación y de mi congoja por tu partida, se ofreció para llevar mi carta y, de este modo, hacerla llegar más pronto. Aunque, según me dijo, su escala en Deimos será corta, podrá dejarla en el correo del aeródromo antes de continuar el viaje. Robi me entregó tu nota de despedida. No puedes imaginarte mi desconsuelo. La he leído tantas veces que algunas letras se han borrado. ¡Pero querido! ¿No comprendes que nuestro matrimonio no debe terminar por esa tontería? Es absurdo pensar semejante cosa. Todo ha sido...

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El tigre

El tigre

Lee atentamente el siguiente relato y realiza las actividades a continuación:         El tigre    A don Julián, el Vasco, tantas cosas le habían contado del tigre, y tales, que le había cobrado un miedo fantasmagórico. Un día se fue a hachar leña al montecito, y al ruido insólito de los golpes apareció de repente entre un garabato que estaba allí cerca, una cabeza de gato, chata y amarilla, con dos ojazos amarillos como refucilo, y se puso a mirarlo. Don Julián bajó el hacha y se puso a mirarla también. Hasta que al fin se cansó y le dio rabia. -¡Arripoa, gato! –le dijo. Y le tiró el hacha para espantarlo. La bestia dio un bramido feroz, y cayó al suelo, partida la cabeza como una sandía por el proyectil formidable, que...

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