El idioma según Fontanarrosa

El idioma según Fontanarrosa

Lee atentamente el siguiente relato:         El idioma según Fontanarrosa En esta época de globalización, aggiornate o quedás afuera… ¿De qué carajo? Ni idea… Desde que a las insignias las llaman “pins”, a los maricones “gays”, a las comidas frías “lunchs” y a los repartos de cine “castings”, Argentina no es la misma. Ahora es mucho más moderna; durante muchos años, los argentinos estuvimos hablando en prosa sin enterarnos. Y lo que todavía es peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los chicos leían revistas en vez de “cómics”, los jóvenes hacían asaltos en vez de “partys”, los estudiantes pegaban “posters” creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios...

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Cocoliche y su aventura final

Cocoliche y su aventura final

Lee atentamente el siguiente relato:         Cocoliche y su aventura final Lucas Dalfino El barrio estaba limitado, si es correcto decirlo, por dos tagaretes descubiertos: el de la Entre Ríos, al sur, y el de la Virrey Toledo, al este. Hacia el norte, después de las tormentas, solo el laberinto arremolinado de La Talita, allá, en las vecindades de Chachapoyas, y de los Tres Cerritos, le decía basta al paso. Y al oeste, la Loma de Medeiros, pregonaba, ­hasta aquí, no más! Los tagaretes aludidos que, en los meses de sequía, eran solo un tajo callejero, cuando llegaban las lluvias asumían protagonismo. Solíamos verlos, entonces, colmados, de orilla a orilla, con sus aguas turbulentas pasar bramando como un desafío. Los changos1 más...

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El inocente

El inocente

Lee atentamente el siguiente relato:         El inocente Juan José Hernández A José Bianco Estábamos acostumbrados a que se dijera de Rudecindo que era una desgracia para su madre, que hubiera sido preferible que naciese muerto, y otras frases por el estilo que empezaban con un piadoso “Dios nos libre y guarde”, o “Que Dios no me castigue, pero…” y que terminaban con un suspiro de resignación. Cuando hablaba de su hijo doña Teresa ponía los ojos en blanco: –¡Qué habré hecho para merecer esta cruz! –se lamentaba. Mis tías, al oírla, se esforzaban por simular una expresión de tristeza adecuada a las circunstancias: –Una madre es siempre una madre –decían luego, sentenciosamente. Doña Teresa se ganaba la vida...

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