Cinthia Scoch y el lobo

Cinthia Scoch y el lobo

Lee atentamente el siguiente relato:         Cinthia Scoch y el lobo Ricardo Mariño El lobo apareció cuando Cinthia Scoch ya había atravesado más de la mitad del Parque Lezama. -iHola! ¡Pero qué linda niña! Seguro que vas a visitar a tu abuelita -la saludó. -Sí, voy a visitarla y a llevarle esta torta porque está enferma. -¿Y si la torta está enferma para qué se la llevas? ¿Tu idea es matarla? -No, la que está enferma es mi abuela. La torta está bien. -Ah, entiendo. Entonces puedo dejarme la torta como postre. -¿Cómo? -Que me gustaría acompañarte para que no te ocurra nada malo en el camino. Por acá anda mucho elemento peligroso. ¿Cuál es tu nombre? -Cinthia Scoch. -Lindo nombre. -¿Usted cómo se llama? -Jamás me llamo. Siempre son otros los que me llaman. ¿Vamos?...

Leer más

La flor

La flor

Lea atentamente el siguiente texto:         La flor Leónidas Barletta Después entraron dos muchachos, indecisos, y Margarita los miró en la combinación de los tres espejos del local. Afuera se había detenido un aire frío, duro, que la gente empujaba tercamente. En la trastienda, en cambio, la atmósfera era tibia y los grandes canastos de flores despedían un vaho dulzón que mareaba. La vieja Aurora apoyó las manos en el mostrador y se inclinó hacia delante, torciendo de lado la cabeza como si pretendiese insinuar que su oído andaba remiso. Margarita oyó que uno de los muchachos decía, con la voz velada: – Una corona… blanca… – Mejor roja… – apuntó el otro, con una voz que estridía sin ser alta. – Blanca… – insistió el...

Leer más

El quinto

El quinto

Lee atentamente el siguiente relato:         El quinto Emilia Pardo Bazán No puedo dudarlo. Ella se aproxima; oigo el ruido de manera seca de sus canillas y el golpeteo de sus pies sin carne sobre los peldaños de la escalera. No la quieren dejar pasar los médicos; mis sobrinos la aguardan con secreta ansiedad… Ella está segura de entrar cuando lo juzgue oportuno. Pondrá los mondos huesecillos de sus dedos sobre mi corazón, y el péndulo se parará eternamente. Viene como acreedora: sabe que le debo una vida…, que al fin cobró, pero que yo me negaba a entregar. Y es que en mi conciencia estaba grabado el precepto santo que nos manda no extinguir la antorcha que Dios enciende. ¿Hice bien? ¿Hice mal? Voy a recordar aquel episodio, por si a la luz de esta...

Leer más