Muy de mañana

Muy de mañana

Lee atentamente el siguiente relato:         Muy de mañana Aldecoa, Ignacio El hombre del puesto de melones tiene un perro, un perrillo atropellado, que arrastra una pata lastimosamente. El hombre y el perro duermen juntos, bajo una manta militar, en un nido de paja entre los melones. El hombre no habla con nadie, creo que ni siquiera con los clientes. Muy de mañana se despierta y en la fuente cercana se enjuaga la boca. Luego espera con la manta por los hombros, paseando, a que abran la primera taberna. El perro camina junto a él, olisquea en un sitio, se entretiene en otro. En la acera de enfrente una taberna abre a las siete y media. El hombre cruza la calle. Entra. Desde la puerta, por encima de los cristales esmerilados, fija los ojos en el puesto. Toma una...

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Desquite

Desquite

Lee atentamente el siguiente relato:         Desquite Luis Franco Enlazado de medio cuerpo por un pañuelo que cruzaba bajo las alas, colgaba el gallo en vilo del gancho de la balanza de mano. ―Seis, ocho… Les llevamos apenas una oncita ―masculló el viejo Eladio. ―Güeno, güeno, calcen ligerito y vamos ―gritó don Paulo. Y en las púas, despuntadas como guampas torunas, les calzaron las espuelas de acero. Cantó uno y sobre el pucho le retrucó el otro: cantos encogidos de rabia, como restallados. Capadas de crestas, las cabezas desnudas como un talón, rojas como un tajo. Lampiños de cogote, de anca y de muslos, mostraban la carne que ardía la sangre de pelea como ají de monte. En cuanto al estado, ya se vería el alcance del toreo y la dieta, y la maña de los...

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Mi apología

Mi apología

Lee atentamente el siguiente relato:         Mi apología Woody Allen De todos los hombres célebres que han existido el que más me habría gustado ser es Sócrates. Y no sólo porque fue un gran pensador, pues a mí también se me reconocen varias intuiciones razonablemente profundas; si bien las mías giran invariablemente en torno a una azafata de la aviación sueca y unas esposas. No, lo que más me atrae de este sabio entre los sabios de Grecia es su valor ante la muerte. No quiso renunciar a sus principios, sino que prefirió dar su vida para demostrarlos. Personalmente, la idea de morir me asusta, y cualquier ruido inconveniente, tal como el escape de un automóvil, me sobresalta hasta el punto de echarme en los brazos de la persona con la que estoy conversando. Al...

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