Minicuentos

Minicuentos

Lee atentamente los siguientes relatos:         Soledad Pedro de Miguel    Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara...

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Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo

Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo

Lee atentamente el siguiente relato:         Lo que sucedió a un hombre bueno con su hijo El Conde Lucanor, D. Juan Manuel, Infante de Castilla Otra vez, hablando el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo que estaba muy preocupado por algo que quería hacer, pues, si acaso lo hiciera, muchas personas encontrarían motivo para criticárselo; pero, si dejara de hacerlo, creía él mismo que también se lo podrían censurar con razón. Contó a Patronio de qué se trataba y le rogó que le aconsejase en este asunto. -Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, ciertamente sé que encontraréis a muchos que podrían aconsejaros mejor que yo y, como Dios os hizo de buen entendimiento, mi consejo no os hará mucha falta; pero, como me lo...

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La creciente

La creciente

Lee atentamente el siguiente relato:         La creciente Juan Carlos Dávalos Don Ventura Perdigones era un gallego verdulero que había en Salta. Desde Vaqueros, donde tenía su hortaliza, llevaba todas las mañanas al pueblo una arganada1 de verduras frescas para vender por las calles. Vaqueros es un lugar que dista dos leguas de la ciudad, y está situado en la margen izquierda del río de ese nombre. Y digo río, porque se llama así en mi tierra, mal que pese al estricto sentido del vocablo, lo que en invierno apenas parecen arroyos apacibles, y en verano se tornan con las lluvias, en formidables avalanchas de barro y piedras. Una mañana venía el Vaqueros por demás crecido, como dice la gente de mi provincia. La noche anterior había...

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