La vísperas de Fausto

La vísperas de Fausto

Lee atentamente el siguiente relato:         Las vísperas de Fausto Adolfo Bioy Casares Esa noche de junio de l540, en la cámara de la torre, el doctor Fausto recorría los anaqueles de su numerosa biblioteca. Se detenía aquí y allá; tomaba un volumen, lo hojeaba nerviosamente, volvía a dejarlo. Por fin escogió los Memorabilia de Jenofonte. Colocó el libro en el atril y se dispuso a leer. Miró hacía la ventana. Algo se había estremecido afuera. Fausto dijo en voz baja: Un golpe de viento en el bosque. Se levantó, apartó bruscamente la cortina. Vio la noche, que los árboles agrandaban. Debajo de la mesa dormía Señor. La inocente respiración del perro afirmaba, tranquila y persuasiva como un amanecer, la realidad del mundo....

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La Rebelión

La Rebelión

Lee atentamente el siguiente relato:           La Rebelión Virgilio Díaz Grullón ¿Por qué no te casas, tía Julia? – – Porque nadie ha querido casarse conmigo, Pedrito.– Ella estaba sentada en la mecedora que impulsaba suavemente, tratando de adormecer al niño recostado en sus rodillas. – Yo me casaría contigo –, dijo él, – pero soy muy chiquito, ¿verdad?– La mujer sonrió con dulzura y le acarició el pelo mientras respondía: – Sí. Ahora estás muy chiquito; pero cuando crezcas, tal vez… – Creceré pronto, tía Julia, y entonces nos casaremos – Sí, mi hijito, y seremos muy felices los dos, como en los cuentos. Pero ahora duérmete, que ya es tarde y mañana tendrás que madrugar. – Bajó con...

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Dafne y Apolo

Dafne y Apolo

Lee atentamente el siguiente relato:         Dafne y Apolo Cierta vez, estaba Apolo disparando sus flechas y logró dar muerte a una gran serpiente venenosa. Aunque varios de sus tiros erraron el blanco, pues el ofidio se movía velozmente, logró matarla. Cuando se acercó a su presa, descubrió entre el follaje un resplandor dorado: era Eros, el dios del amor. Eros, hijo de Afrodita, es un niño con alas de oro que atraviesa con sus flechas el corazón de los hombres y de los dioses para inspirarles el amor. Al ver las flechas de Apolo se había acercado curioso y, habiendo tomado una, jugaba con ella simulando dispararla con su pequeño arco. Molesto, el dios Apolo lo increpó: − ¡Deja esa flecha, Eros! Es un arma demasiado poderosa para...

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