A no fiarse de los recuerdos

A no fiarse de los recuerdos

Lee atentamente el siguiente relato:         A no fiarse de los recuerdos Daniel Díaz    Doña Victoria era una vecina de la ciudad de Salta, que vivía en una antigua vivienda de avenida San Martín al 2000, en la zona del Mercado Artesanal. Mujer de unos 70 años, en los tiempos en que se tejió esta historia, era oriunda de Resistencia, provincia de Chaco, pero estaba afincada desde hacía más de tres décadas en la capital de la provincia que enamora. Son pocas las cosas en este mundo que “calan” tan hondo en nuestro espíritu y dejan los sentimientos tan a flor de piel como la nostalgia, aún más cuando el lugar que uno añora alberga a los seres queridos. Este era el caso de Victoria, descendiente de yugoslavos, que poco y nada veía a sus parientes, la mayoría de...

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El puma y el pastor

El puma y el pastor

Lee atentamente el siguiente relato:         El puma y el pastor Pablo Rojas Paz    El alba era una ceniza de luz en el aire. Como en la elevación de la misa, el sol de dorada blancura subía repintando de rojo el perfil de los montes. La noche se iba de puntillas y la luz era una insinuación morada en el leve relumbre de la escarcha. Un rumor de himno surgía del seno profundo de las cosas. Con voces de mar lejano la brisa del alba venía despertando el paisaje. Los árboles se limpiaban de sombras y se escuchaba el balido de los hatos cercanos. De pronto, de dentro del rancho salió una voz amanecida secreteada. -Hhijo, hay que traer las cabras al corral. El chango se restregó los ojos, se calzó sus ojotas, se metió su poncho cortón, se puso su sombrero y partió. La...

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El Fantasma

El Fantasma

Lee atentamente el siguiente relato:         El Fantasma Enrique Anderson Imbert    Se dio cuenta de que acababa de morirse cuando vio que su propio cuerpo, como si no fuera el suyo sino el de un doble, se desplomaba sobre la silla y la arrastraba en la caída. Cadáver y silla quedaron tendidos sobre la alfombra, en medio de la habitación. ¿Con que eso era la muerte? ¡Qué desengaño! Había querido averiguar cómo era el tránsito al otro mundo ¡y resultaba que no había ningún otro mundo! La misma opacidad de los muros, la misma distancia entre mueble y mueble, el mismo repicar de la lluvia sobre el techo… Y sobre todo ¡qué inmutables, qué indiferentes a su muerte lo objetos que él siempre había creído amigos!: la lámpara encendida, el sombrero en la...

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