La culpa es del robot

La culpa es del robot

Lee atentamente el siguiente cuento:         La culpa es del robot Daína Chaviano La Habana, 19 de febrero de 2157 Querido Reni:    Aprovecho que Leda va hacia Ganimedes y te envío estas líneas. Apenas se enteró de nuestra separación y de mi congoja por tu partida, se ofreció para llevar mi carta y, de este modo, hacerla llegar más pronto. Aunque, según me dijo, su escala en Deimos será corta, podrá dejarla en el correo del aeródromo antes de continuar el viaje. Robi me entregó tu nota de despedida. No puedes imaginarte mi desconsuelo. La he leído tantas veces que algunas letras se han borrado. ¡Pero querido! ¿No comprendes que nuestro matrimonio no debe terminar por esa tontería? Es absurdo pensar semejante cosa. Todo ha sido...

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El encarnado

El encarnado

Lee atentamente el siguiente texto:         El Encarnado Ema Wolf Apenas apreció el gato en casa, me di cuenta: él era la reencarnación de mi abuelo. No sé bien cómo es este asunto de las reencarnaciones, pero puedo imaginármelo a partir de algunas cosas que leí y escuché. El alma es como un bocado radiante o una rosquita de humo que sale de la persona cuando muere. Sale con el último suspiro. Una vez que ha salido se desplaza por el aire buscando otro cuerpo vivo. Ese cuerpo puede estar lejos o cerca, y ser de persona, animal o planta. Cuando lo encuentra, zap, se mete dentro. Y listo, ya se reencarnó. Más o menos, eso es lo que le pasó a mi abuelo. Tampoco sé cuánto tarda un alma en encontrar otro envase. Supongo que eso depende...

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El tigre

El tigre

Lee atentamente el siguiente relato y realiza las actividades a continuación:         El tigre    A don Julián, el Vasco, tantas cosas le habían contado del tigre, y tales, que le había cobrado un miedo fantasmagórico. Un día se fue a hachar leña al montecito, y al ruido insólito de los golpes apareció de repente entre un garabato que estaba allí cerca, una cabeza de gato, chata y amarilla, con dos ojazos amarillos como refucilo, y se puso a mirarlo. Don Julián bajó el hacha y se puso a mirarla también. Hasta que al fin se cansó y le dio rabia. -¡Arripoa, gato! –le dijo. Y le tiró el hacha para espantarlo. La bestia dio un bramido feroz, y cayó al suelo, partida la cabeza como una sandía por el proyectil formidable, que...

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