El maltratado

El maltratado

Lee atentamente el siguiente relato:         El Maltratado de Wimpi Licinio Arboleya estaba de mensual en las casas del viejo Críspulo Menchaca. Y tanto para un fregado como para un barrido. Diez pesos por mes y mantenido. Pero la manutención era, por semana, seis marlos y dos galletas. Los días de fiesta patria le daban el choclo sin usar y medio chorizo. Y tenía que acarrear agua, ordeñar, bañar ovejas, envenenar cueros, cortar leña, matar comadrejas, hacer las camas, darles de comer a los chanchos, carnear y otro mundo de cosas. Un día Licinio se encontró en el callejón de los Lópeces con Estefanía Arguña y se le quejo del maltrato que el viejo Críspulo le daba. Entonces, Estefanía le dijo: – ¿Y qué hacés que no lo...

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Excesivos ladrones

Excesivos ladrones

Lee atentamente el siguiente relato:         Excesivos ladrones Ana María Shua Robaron el equipo de audio y los candelabros y la comida de la heladera y los ceniceros de cristal de Murano y el televisor y hasta los equipos de aire acondicionado y robaron también la heladera misma y la mesita del televisor y el resto de los muebles y los dólares guardados en la caja fuerte empotrada en la pared del dormitorio y después robaron la caja fuerte y también la pared del dormitorio y después robaron el resto de las paredes y los cimientos que la sostenían y el techo que en ellas se sustentaba y las cañerías de bronce que las atravesaban y después robaron los árboles y flores del jardín y después el jardín mismo y el terreno sobre el cual...

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Busco gato amarillo con blanco

Busco gato amarillo con blanco

Lee atentamente el siguiente relato:         BUSCO GATO AMARILLO CON BLANCO Acostado en la ventana veo pasar el mundo. La gente se detiene y lee el cartel pegado en la puerta, debajo de donde estoy: “Busco gato amarillo con blanco. Departamento 1”. Algunos no le dan demasiada importancia y siguen de largo, como esa señora que va cargando una bolsa con leche y pan. Otros, sin embargo, se detienen y miran a su alrededor, cuando lo leen. No pasa mucho antes de que se den cuenta de lo absurdo de buscar un gato perdido junto al letrero que avisa de tal pérdida. Como si un gato perdido quisiera que lo encontraran; como si fuera posible, para un gato, perderse. Y aun así miran, esperando ser los salvadores del gato, aquel que lo lleve...

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