Reportaje endiablado

Reportaje endiablado

Lee atentamente el siguiente texto:         Reportaje endiablado Roberto J. Payró I -¡Váyase usted al infierno! -Inmediatamente, señor Director. II En la antesala no había nadie, y profundo silencio reinaba en las oficinas infernales. Me atreví a asomar las narices por la puerta de una especie de alcoba, y quedé estupefacto: Satanás dormía la siesta a las dos de la tarde, como cualquier funcionario del interior. Debí hacer ruido porque mi hombre despertó, y, restregándose los ojos y en medio de un bostezo, preguntó malhumorado: -¿Quién es? ¿Qué se le ofrece? ¿A quién busca? -¿Tengo el honor de hablar con el señor Satanás en persona? Soy repórter… y venía… -Sí, sí: reporter; ya sé… Tengo muchos aquí....

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Medio día de suerte

Medio día de suerte

Lee atentamente el siguiente relato:         Medio día de suerte Santiago Álvarez Luis no era nada, no valía nada. Y para colmo era el hombre con más mala suerte del mundo. Subió un escalón para ver cómo se veía la gente veinte pisos abajo: se mareó. Pero suicidarse era de cobardes y él no se consideraba ningún cobarde: bajó la cornisa. Por otro lado, para suicidarse había que tener huevos, y Luis sí que tenía huevos: subió la cornisa. Y después bajó. Y luego subió otra vez. Porque, además de todo, Luis también era inseguro. Subió y bajó durante todo el día. Al anochecer se sintió exhausto pero feliz, vivo. Por primera vez experimentaba la gratificante sensación de haber hecho algo útil con su cuerpo. Corriendo y...

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Frío en Lomas Coloradas

Frío en Lomas Coloradas

Lee atentamente el siguiente relato:         Frío en lomas coloradas de Wimpi Famoso el frío aquel. Para ordeñar a la vaca Regino Pardías tuvo que hacerle una fogata abajo, primero, cosa de “derretirle” la leche, porque con el frío, la leche se le había empedernido a ella. Pero frío, lo que se dice frío, hizo. Para hacer la fogata debajo de la vaca Regino Pardías había andado juntando unas ramas secas, las acarreó, las acomodó y prendió fuego. Y a lo que el fuego empezó a arder un poco bastante – ¡cosa de no creer!- la leña empezó a irse. Una para un lado, otra para el otro, las ramas, a lo loco, meta irse nomás. Que lo primero que pensó Regino fue que se las habrían embrujado. Pero, después se supo. Como Regino...

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