El chico

El chico

Lee atentamente el siguiente relato:         El chico Juan Carlos Neyra La mañana era fría, el viento de la pampa amontonaba cardo ruso seco contra los alambrados; lunes para mejor. Recorrió un potrero y ahora volvía a comer el churrasco del almuerzo chico. Ató el redomón al palenque y caminó hacia la cocina. La mujer señaló un trozo que ya estaba asado. Comentaron el viento y el frío mientras él cortaba un pedazo de carne y lo colocaba sobre una rodaja de galleta. Comenzó a masticar lentamente, volvió a llenarse la boca y preguntó: ―¿El nene? ―En el galponcito, jugando con el gato. ―Se va a resfriar, hace frío. Ella no respondió. El hombre dijo: ―Andá tráilo, hace frío. La mujer advirtió la intención: usaba el...

Leer Más

El perro que deseaba ser humano

El perro que deseaba ser humano

Lee atentamente el siguiente relato:         El perro que deseaba ser humano Augusto Monterroso    En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto. Al cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo, caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a gemir...

Leer Más

Dos amigos

Dos amigos

Lee atentamente el siguiente relato:         Dos amigos Fausto Burgos Cuando lo vi venir por el medio de la calle, arreando cuatro burros cenizos, cabezudos, grandotes, por la estampa de las bestias, pensé que el mozo era de Susques. ¡San Antonio de los Cobres! ¡Susques!; más de ochenta leguas de pampas desoladas y de serranías. Me entregó una carta; lo miré de alto a abajo; creía yo que el cerrero llegaba despeado, hambriento con ganas de tirarse sobre su poncho, debajo de un árbol. Para curiosear en su vida, inicié el diálogo: ―¿No trajiste chalona? (Chalona es el tasajo de cabra). ―Nada, señor. ―¿Y cómo te quitaste el hambre en todo el camino? Pienso que tu apetito no ha de ser dormilón… ―Con esto, señor. Sacó del...

Leer Más