El Cuento Fantástico: Actividad con Videos

El Cuento Fantástico: Actividad con Videos

Lee el siguiente relato y luego observa detenidamnente cada video.         El crimen perfecto Enrique Anderson Imbert Creí haber cometido el crimen perfecto. Perfecto el plan, perfecta su ejecución. Y para que nunca se encontrara el cadáver lo escondí donde a nadie se le ocurriría buscarlo: en un cementerio. Yo sabía que el convento de Santa Eulalia estaba desierto desde hacía años y que ya no había monjitas que enterrasen a monjitas en el cementerio. Cementerio blanco, bonito, hasta alegre con sus cipreses y paraísos a orillas del río. Las lápidas, todas iguales y ordenadas como canteras de jardín alrededor de una hermosa imagen de Jesucristo, lucían como si las mismas muertas se encargasen de mantenerlas limpias. Mi error: olvidé que mi víctima había sido un...

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Canción: El Fantasma

Canción: El Fantasma

Escucha atentamente la siguiente canción:         Fantasma Árbol Salgo volando por la ventana, y tantos días quedan atrás. Ya no me duelen, todas las cosas, que ayer me podían molestar. Son cajones que se cierran para que nadie los vea. Son palabras que no pude decir. Pero ya no me importa, porque nada me toca, y no hay nada vivo dentro de mí. Floto en el aire desde esta tarde, cuando mi cabeza explotó. Ahora el piso es de nubes y me asomo cada tanto a espiarte desde donde estoy. Y veo, y vuelo. Y veo, y vuelo. El barrio se ilumina y la noche se hace día. Brilla como un árbol de navidad. Y estoy alto muy alto, y las luces de los autos que se frenan cada tanto, y vuelven a arrancar. Y veo, a la gente corriendo como una coreografía sin fin. Y vuelo como en una...

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No oyes ladrar los perros

No oyes ladrar los perros

Lee atentamente el siguiente relato:         ¿No oyes ladrar los perros? Juan Rulfo –Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. –No se ve nada. –Ya debemos estar cerca. –Sí, pero no se oye nada. –Mira bien. –No se ve nada. –Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante. La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda. –Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos...

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