El quirquincho músico

El quirquincho músico

Lee atentamente los siguientes textos:

 

 

 

 

El quirquincho músico
(Leyenda boliviana)

Aquel quirquincho viejo, nacido en un arenal de Oruro, acostumbraba pasarse horas y horas echado junto a una grieta de la peña donde el viento cantaba eternamente. El animalito tenía una afición musical innegable. ¡Cómo se deleitaba cuando oía cantar a las ranas en las noches de lluvia! Los pequeños ojos se le ponían húmedos de emoción y se acercaba, arrastrando su caparazón, hasta el charco, donde las verdes cantantes ofrecían su concierto.
–¡Oh, si yo pudiera cantar así, sería el animal más feliz del altiplano! –exclamaba el quirquincho, mientras las escuchaba extasiado.
Las ranas no se conmovían por la devota admiración que les tenía el quirquincho sino que, más bien, se burlaban de él.
–Aunque nos vengas a escuchar todas las noches hasta el fin de tu vida, jamás aprenderás nuestro canto, porque eres muy tonto.
El pobre quirquincho, que era humilde y resignado, no se ofendía por tales palabras, dichas en un lenguaje tan musical, como suele ser el de las ranas. Él sólo se deleitaba con la armonía de la voz y no comprendía el insulto que ellas encerraban.
Un día creyó enloquecer de alegría, cuando unos canarios pasaron cantando en una jaula que conducía un hombre. ¡Qué deliciosos sonidos! Aquellos pajaritos amarillos y luminosos, como caídos del Sol, lo conmovieron hasta lo más hondo… Sin que el jaulero se diera cuenta, lo siguió, arrastrándose por la arena, durante leguas y leguas.
Las ranas que habían escuchado, embelesadas, el canto, salieron a orilla de la laguna y vieron pasar a los divinos prisioneros que revoloteaban en las jaulas.
–Estos cantores son de nuestra familia, pues los canarios son sólo sapos con alas –dijeron las muy vanidosas y agregaron–: Pero nosotras cantamos mucho mejor. –Y reanudaron su concierto interrumpido.
–¡Chist… esperen! –dijo una de ellas–. Miren al tonto del quirquincho. Se va tras las jaulas. Ahora pensará aprender a trinar como un canario… ja… ja… ja…
El quirquincho siguió corriendo y corriendo tras el hombre de las jaulas, hasta que las patitas se le iban acabando, de tanto rasparlas en la arena.
–¡Qué desgracia! ¡No puedo caminar más y los músicos se van! –Allí se quedó tirado hasta que el último trino mágico se perdió a lo lejos… Ya era de noche cuando regresaba a su casa. Y al pasar cerca de la choza de Sebastián Mamani, el hechicero, tuvo la idea de visitarlo, para hacerle un extraño pedido.
–Compadre, tú que todo lo puedes, enséñame a cantar como los canarios –le dijo llorando.
Cualquier persona que no fuera el hechicero se hubiera reído a carcajadas del quirquincho, pero Sebastián Mamani puso la cara seria y repuso:
–Yo puedo enseñarte a cantar mejor que los canarios, que las ranas y que los grillos, pero tienes que pagar la enseñanza… con tu vida.
–Acepto todo, pero enséñame a cantar.
–Convenido. Cantarás desde mañana, pero esta noche perderás la vida.
–¡Cómo!… ¿Cantaré después de muerto?
–Así es.
Al día siguiente, el quirquincho amaneció cantando, con voz maravillosa, en las manos del mago. Cuando éste pasaba, poco más tarde, por el charco de las ranas, se quedaron mudas de asombro.
–¡Vengan todas! ¡Qué milagro! ¡El quirquincho aprendió a cantar!…
–¡Canta mejor que nosotras!…
–¡Y mejor que los pájaros!…
–¡Y mejor que los grillos!…
–¡Es el mejor del mundo!…
Y, muertas de envidia, siguieron a saltos tras del quirquincho que, convertido en charango se desgranaba en sonidos musicales. Lo que ellas ignoraban era que nuestro pobre amigo, como todo gran artista, había dado la vida por al arte.

Glosario

Quirquincho: armadillo del Altiplano Boliviano.

Charango: instrumento musical de cuerdas y sonido agudo. Es una guitarrilla de cinco pares de cuerdas, usada en el norte de la Argentina (Quebrada de Humahuaca y Puna salteña y jujeña), así como en gran parte de Bolivia. La caja puede estar hecha con un caparazón de quirquincho, mulita o gualacete (armadillos), o de madera con el fondo combado, imitando la forma del caparazón de los armadillos.

Video con la Leyenda

El charango

Indios cazadores
me llevan al baile.
Del hoyo a la fiesta,
de la cueva al aire.

Bicho fui,
soy mandolín.

A mi vida seria
de señor quirquincho
prefiero mi muerte
con carnavalitos.

Bicho fui,
soy mandolín.

Antes con los ojos
abiertos veía
nada más que un mundo
de paja y arcilla.

Bicho fui,
soy mandolín.

Ahora descubro,
con mis ojos ciegos,
un mundo de ronda
que parece cielo.

Bicho fui,
soy mandolín.

Caja de cristales
será mi barriga,
verán como canto
si me hacen cosquillas.

María Elena Walsh

Actividades

1. En la leyenda y en la poesía el personaje, ¿acepta su destino? ¿Por qué?
2. Luego de leer ambos textos, completa el siguiente cuadro:

El quirquincho músico

El charango

Tipo de texto

   

 Tema

Tipo de narrador

Persona en que están escritos

 Trama

Funciones del Lenguaje presentes

Función del Lenguaje predominante

Enseñanza que deja el texto

 

Ahora trabaja con la poesía: “El charango”

3. ¿Quién es el “yo lírico”?
4. ¿En qué expresión aparece el oyente imaginario?
5. Descubre una comparación y una metáfora.
6. En el estribillo ¿con qué verbos sintetiza su pasado y su presente?
7. ¿En qué estrofas amplía la misma idea? ¿Con qué clase de palabra diferencia el pasado del presente?
8. Reformula en prosa la poesía; podrías comenzar así. (Recuerda que no debes mantener la rima, para lo cual deberás cambiar algunas palabras):

Yo era un bicho, un quirquincho, que vivía en la tierra y mi mundo era de paja y arcilla. Un día, unos indios me cazaron…

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