Implacablemente suyo

Implacablemente suyo

Lee atentamente el siguiente texto:

 

 

 

 

Implacablemente suyo
Luciano Sívori

Estimado Dr. Álvarez:

Su prolongado silencio ha disparado un estado de alarma en mí, un perspicaz sentido de la realidad que me rodea y –si se me permite agregar– la íntima certeza de que mi situación lo ha apartado al fin. Soy un hombre enfermo, usted lo sabe mejor que nadie. El cerebro me juega malas pasadas, las ideas se enredan, se tropiezan unas con otras. Hoy me miré al espejo y mi reflejo me guiñó un ojo. Escucho golpes secos, ásperos, que llegan desde una de las habitaciones. Pum. Pum. PUM. Algunas noches, los gritos no me dejan conciliar el sueño.
Estoy perdiendo la cabeza, doctor. Es preciso que regrese de su viaje, o de donde quiera que esté. Necesito volver a convertirme en su sujeto, que conversemos… Por favor, no me deje solo y desamparado. Necesito que me cure.

Implacablemente suyo,

Benicio Martínez.

Querido Dr. Álvarez:

Han pasado tres interminables días desde que le hice llegar mi primera carta. Aún no he recibido señales de su parte. ¿Qué clase de psicólogo abandona a su paciente de esa manera? ¡Qué falta de profesionalismo! Y pensar que lo elegí a usted entre muchos, por sus referencias intachables, su amplia experiencia con personas como yo. Usted me convenció, me juró que me iba a ayudar. “Únicamente se necesita un minúsculo rayo de luz para apaciguar a la oscuridad”, me dijo.
¿Y? ¿Dónde está? ¿De vacaciones con aquella colega suya? Sé que andan juntos, los he visto. ¿Qué clase de persona cambia su trabajo, sus responsabilidades, por un efímero encuentro sexual? ¡Usted es un sinvergüenza, eso es lo que es! Mientras tanto, yo vagabundeo entre paredes que no me atrevo a cruzar. Las voces no se detienen, los gritos… esos golpeteos doctor. PUM, PUM, PUM. Esos golpeteos…
No se olvide de mí, lo necesito.

Impacientemente suyo, y como siempre,

Benny Martínez.

Dr. Álvarez:

He llegado a la conclusión de que su silencio equivale al abandono. Al leer los detalles mencionados en mis epístolas anteriores, ha de entender que mi condición viene en desmedro. Déjeme mencionar otro punto que quizá ya sea obvio: estoy perdiendo la paciencia. Le recomiendo que tome un lápiz entre sus manos de inmediato, antes de que esta amistosa charla de amigos se arruine en serio.

Ben M.

Estimado Dr. Álvarez:

¡He sido un estúpido! ¿Y si siempre quiso comunicarse conmigo pero no encontró la forma de hacerlo? Con esta nota le adjunto un lápiz y una hoja en blanco. Espero su pronta respuesta.

Atentamente,

B.M.

Sr. Benicio Martínez:

Desgraciado hijo de puta.
Espero que se pudra en el infierno. No voy a excitar su pervertida imaginación dándole el gusto de seguirle el juego. Pero como experto en el área de las patologías, aprovecharé los últimos instantes de mi vida para especificarle su estado psicológico y brindarle un consejo para la resolución de su desdicha.Implacable
Usted tiene una condición médica que desde el principio se ha gestado en lo profundo de su alma: está loco. Está completamente LOCO, y desquiciado, y esquizofrénico. Es un peligro para la sociedad y merece ser enviado directamente al paredón.
He gritado, encerrado entre las cuatro paredes de su hogar, balbuceando palabras imposibles debido a la venda que me limita el hablar. He dado cabezazos a la puerta innumerable cantidad de veces. He rezado. ¡No sabe cómo he rezado! Finalmente me convencí de la verdad: aquí voy a morir. He hecho las paces con ello…
Al terminar esta breve nota, el lápiz afilado que me ha brindado con tanta amabilidad atravesará mi garganta. La sangre, desparramada por todo el cuarto, correrá por su cuenta.
En cuanto a usted: lo mejor que puede hacer es volarse los sesos, maldito infeliz.

Por siempre suyo,

Dr. Diego Álvarez.

Honorable Dra. Suárez:

Me he enterado del infortunio de su compañero en profesión. Debo decir que lamenté mucho el nefasto incidente. Ciertamente, un analista puede llegar a situaciones aberrantes sin que su paciente se percate. Mi más sentido pésame; sé que ambos eran cercanos.
A riesgo de sonar fuera de lugar, es mi deber notificarla que mi tratamiento con el Dr. Álvarez ha quedado inconcluso, y que él ha aconsejado que –de sucederle cualquier cosa– usted estaría en capacidad de continuar con mi terapia. Nada me haría más dichoso en el mundo. Ya he arreglado con su secretaria para tomar un turno, así que asumo que nos veremos muy pronto.

Implacablemente suyo,

Benicio Martínez.

Actividades

1. El protagonista se reconoce como un hombre enfermo, ¿qué problemas lo aquejan?
2. ¿Qué motivos llevaron a Benicio a elegir al doctor Álvarez?
3. La falta de respuesta del doctor Álvarez:

a) ¿A qué se debía según Benicio?
b) ¿Cuál era el verdadero motivo?

4. ¿Cuál es el diagnóstico de Álvarez para con Benicio?
5. ¿Qué manera encuentra Álvarez para vengarse de su captor? ¿Estás de acuerdo con lo que hizo? ¿Qué hubieras hecho en su lugar?
6. Las fórmulas de despedida utilizada por Benicio en sus cartas dejan entrever sus diferentes estados de ánimo, ¿cuáles de ellos puedes reconocer?
7. La carta escrita por el doctor Álvarez finaliza con “Por siempre suyo”, ¿se puede decir que tiene un tinte irónico? ¿Por qué?
8. Hacia el final, ¿cómo hace Benicio para continuar su “tratamiento” sin el doctor Álvarez?
9. El autor utilizó la carta como instrumento de narración:

a) ¿Qué efecto logra con esto? Explica.
b) ¿Crees que hubiese sido igual si utilizaba la estructura habitual de los cuentos? ¿Por qué?

10. ¿Qué elementos propios del relato policial puedes reconocer y mencionar en esta historia?
11. ¿Qué otro título le pondrías? ¿Por qué?