Flori, Ataúlfo y el Dragón

Flori, Ataúlfo y el Dragón

Lee atentamente el siguiente texto:         Flori, Ataúlfo y el Dragón Ema Wolf No todas las princesas son lindas, como se cree. No, señor. La princesa Floripéndula, por caso, tenía unos ojitos y unas orejas y una bocucha que… bueno. Todos los días, Floripéndula, le preguntaba a su espejo mágico: – ¿Hay alguna damisela en el reino más bella que yo? El espejo le contestaba: –Sí, dos millones trescientas mil. […] Cuando Floripéndula llegó a la edad de tener novio, su padre, el rey Tadeo, empezó a preocuparse. Le decía estas cosas a su esposa, la reina Carlota: –Me pregunto quién va a querer casarse con nuestra amada hija. No es lo que se dice una belleza. La reina Carlota no atinaba a darle una respuesta....

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La bolsita maravillosa

La bolsita maravillosa

Lee atentamente el siguiente relato:         La bolsita maravillosa Un día, cuando yo estaba sentado en mi negocio, apareció un chino que quería venderme algunas cosas. Habló un rato y después, haciéndose el distraído, con un movimiento rápido agarró la bolsita que estaba sobre el mostrador y se fue, sin siquiera tratar de esconderla. Yo salí detrás de él, lo seguí unas cuadras y finalmente lo tomé de la ropa y le pedí que devolviera lo que me había robado. El chino no pareció ni siquiera preocuparse; dijo que yo estaba loco y trató de alejarme. Como empezamos a discutir, algunas personas se acercaron a curiosear. Me aconsejaron que fuera a ver al juez, para que éste hiciera justicia. Cuando el juez nos preguntó la razón de...

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Cicatrices

Cicatrices

Lee atentamente el siguiente relato:         Cicatrices Marcelo Birmajer Hace mucho tiempo vivía en una aldea que no conocemos un muchacho de veinte años, justo y valiente. Pretendía a una doncella de su edad, blanca como la leche, y tal bella como vanidosa. El muchacho tenía el rostro cruzado de cicatrices. La doncella, enferma de juvenil frivolidad, exigía para hablar de noviazgo, que el muchacho se quitara las cicatrices del rostro. El muchacho sabía que esto era imposible, pero la doncella estaba acostumbrada a que se le cumplieran sus más estrafalarios deseos. Así la habían tratado sus padres y los ricos hombres que la cortejaban. El muchacho pasaba noches de insomnio pensando en cómo satisfacer el requerimiento, y la doncella...

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