Un Ojito, Dos Ojitos y Tres Ojitos

Lee atentamente el siguiente relato:

 

Un Ojito, Dos Ojitos y Tres Ojitos
De Jacob y Wilheim Grimm
(Adaptado por Mercedes Oro)

Había una vez, una viuda que tenía tres hijas. La mayor se llamaba Un Ojito, porque tenía un solo ojo en medio de la frente; la segunda, se llamaba Dos Ojitos, porque tenía dos ojos, como todo el mundo; y la menor, Tres Ojitos, dos en su lugar y el tercero, en medio de la frente. Como Dos ojitos era semejante a las demás personas, su madre y sus hermanas, la detestaban.
– ¡Qué niña tan vulgar! –repetían una y otra vez.
Y la trataban pésimamente; le ponían vestidos horribles, le daban de comer las sobras de la mesa y la mandaban al monte sola, a pastorear a la cabra. La pobre niña estaba siempre triste y llorosa.
Pero un día se le presentó un hada a Dos Ojitos y le preguntó:
– ¿Por qué lloras?
– ¿Cómo no voy a llorar? –respondió la joven-. Por tener dos ojos, mis hermanas y mi madre me humillan, me dan vestidos viejos y sus sobras para comer.
– Vamos, Dos Ojitos –dijo el hada-, sécate las lágrimas y te diré lo que tienes que hacer. Ve al monte, como siempre, con tu cabrita y cuando estés descansando dile: Bala, cabrita; sírvete, mesita.
Y verás que, inmediatamente, aparecerá delante de ti una mesa repleta de manjares. Cuando termines de comer, pronuncia estas palabras para que nadie conozca tu secreto: Bala, cabrita; desaparece, mesita.
Dicho esto el hada se desvaneció. Sin perder el tiempo, dos Ojitos, que ya no podía resistir el hambre, pronunció las palabras mágica, y al instante apareció ante ella una mesa servida. Dos Ojitos comió hasta quedar satisfecha. Luego hizo desaparecer la mesa diciendo: Bala, cabrita; desaparece, mesita.
Cuando Dos Ojitos volvió a su casa por la noche con su cabrita, encontró el plato en el que estaban las sobras que le habían dejado sus hermanas, pero ni siquiera lo tocó.
Las hermanas comenzaron a sospechar al ver que pasaban los días y Dos Ojitos no comía nada. Entonces, decidieron vigilarla de cerca.
Una mañana, Un Ojito se fue con Dos Ojitos y con la cabrita al monte; pero la niña, que era muy inteligente, previó las intenciones de su hermana y le cantó una canción que terminaba diciendo: “Duérmete, Un Ojito”. Su hermana cerró el único ojo que tenía, y se quedó profundamente dormida. Al instante, Dos Ojitos pronunció las palabras mágicas: Bala, cabrita; sírvete, mesita.
Se sentó y comió y bebió hasta quedar saciada. Luego, hizo desaparecer la mesa y despertó a su hermana.
Cuando estuvieron de regreso, Dos Ojitos dejó nuevamente las sobras que había en su plato. Como la mayor no pudo explicar el misterio, su madre y su hermana la retaron duramente.
Al otro día, la madre le dijo a Tres Ojitos:
-Hoy irás tú; y vigila bien, porque no hay duda de que debe comer en alguna parte.
Fueron las dos niñas con la cabrita y, al llegar al monte, Dos Ojitos le dijo a su hermana menor:
-Siéntate aquí, a mi lado, Tres Ojitos, que te voy a cantar una canción.
La más pequeña obedeció y dos Ojitos cantó melodiosamente. Pero en lugar de decir:
“Duérmete, Tres Ojitos” al final, se equivocó y dijo: “Duérmete, Dos Ojitos”, con lo que sólo dos de los tres ojos de la niña se cerraron. Sin embargo, Tres Ojitos cerró también el ojo de su frente para hacerle creer a su hermana que estaba dormida del todo. De esta forma, descubrió el secreto de la mesita mágica.
Cuando volvieron a la casa, la hermana menor contó lo que había descubierto. La madre, furiosa, encerró a la cabrita y no permitió que la niña volviese a verla.
La niña se apenó mucho y se puso a llorar. Entonces, el hada apareció nuevamente:
-¿Por qué lloras, Dos Ojitos?
-Lloro porque mi madre me ha separado de mi cabrita. Ahora tendré que pasear sola por la pradera y, otra vez, pasaré necesidad.
El hada se compadeció de su tristeza. Recogió las lágrimas de la niña y, con ellas, regó un pequeño arbusto que había delante de la casa. Luego, lo tocó con su varita mágica y le dijo a Dos Ojitos:
-De ahora en adelante, no volverás a llorar nunca más.
A la mañana siguiente, vieron que el pequeño arbusto se había convertido en un árbol maravilloso, con hojas de plata y frutos de oro que brillaban a la luz del sol.
En ese momento, un joven caballero se acercó a la casa. Iba muy ricamente ataviado y montaba un hermoso caballo blanco. El caballero se detuvo a admirar el árbol maravilloso.
-¿A quién pertenece este árbol extraordinario? Daría todo lo que me pidieran por una de sus ramitas -dijo el joven.
Las hermanas de Dos Ojitos se empujaban entre ellas para subir al árbol. Pero, aunque treparon hasta la copa y tironearon con todas sus fuerzas, no pudieron cortar ni una rama pequeña. Ambas bajaron con todas sus ropas hechas jirones.
Entonces, Dos Ojitos se ofreció a complacer al caballero. Subió al árbol y sin hacer esfuerzo alguno, sacó una ramita cargada de frutos de oro y de hojas de plata.
-Muchas gracias –dijo el joven-. Dime qué es lo que quieres a cambio.
Dos Ojitos se sonrojó y le confesó que sufría terriblemente de hambre, de tristeza y de soledad. Le contó cuánto extrañaba a su compañera, la cabrita, que permanecía encerrada, a causa de un injusto castigo de su madre.
El caballero liberó a la cabrita de su cautiverio y, delante de las envidiosas miradas de la madre y las hermanas de Dos Ojitos, subió a la joven y a la cabrita a su caballo blanco.
Después de mucho andar, llegaron a un lejano castillo. Allí supo Dos Ojitos que su benefactor era, en realidad, un príncipe. En el castillo, el joven ordenó que le dieran a Dos Ojitos magníficos vestidos y, al ver lo hermosa que era la muchacha, se casó con ella.
Dos Ojitos vivía feliz y en paz, con su príncipe y su cabrita, hasta que un día llegaron al castillo dos mujeres vestidas con harapos a pedir limosna. Dos Ojitos no dudó al verlas: eran sus hermanas. Ellas, sorprendidas de reencontrarse allí con Dos Ojitos, rompieron en llanto y le contaron que, al morir su madre, habían sufrido pobreza y humillación, y por eso, habían tenido que salir a mendigar. Dos Ojitos, cuyo corazón era puro y bondadoso, perdonó todas las maldades de sus hermanas y las recibió en su morada. Todos juntos vivieron felices en el castillo, en cuya entrada brillaba la rama del árbol de los frutos de oro y plata.

 

Actividades

Para entender el vocabulario:

1. Buscá en el texto las siguientes palabras y proponé sinónimos para reemplazarlas:

Saciada – Girones – Ataviado –Benefactor

2. ¿Qué significa la expresión “romper en llanto”?

Para comprender mejor el texto:

3. ¿Cuál es la razón por la que la madre y sus hermanas maltratan a Dos Ojitos?
4. ¿En qué momento aparece un ser sobrenatural? ¿Cómo ayuda a la niña?
5. ¿Cómo logra Tres Ojitos descubrir el secreto de su hermana?
6. ¿Qué castigo le impone la madre a Dos Ojitos?
7. Enumera las consecuencias que el árbol maravilloso tuvo en la vida de Dos Ojitos.

Para intercambiar ideas:

8. La discriminación consiste en considerar inferiores a otros por diversos motivos.

a) ¿Por qué discriminan la madre y sus hermanas a Dos Ojitos?
b) ¿Qué otras formas de discriminación conoces?
c) ¿Qué opinás sobre el tema?

9. En el final del cuento, Dos Ojitos se reencuentra con sus hermanas y las perdona.

a) ¿Estás de acuerdo con la actitud de la joven?
b) ¿Qué hubieras hecho en su lugar?

10. Este es un cuento maravilloso, ¿podrías explicar por qué en menos de cinco renglones?

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