Sueños carcomidos

Sueños carcomidos

Lee atentamente el siguiente relato:         Sueños carcomidos Isaac Soto El niño tenía los pies sucios, la cara sucia y el alma sucia. Todos se preguntaban el porqué no se lavaba la cara si trabajaba llevando el agua todos los días, pero él nunca se atrevía a mirarlos ni mucho menos a responder a sus preguntas. Aunque yo sabía que en su interior, dentro de su mirada taciturna, escondía el reproche que sentía por todos. Debajo de esos pies llenos de mugre se carcomían sus esperanzas. Sus sueños eran la escoria pegada a la planta de sus pies. Tan imperceptibles como los cuerpos putrefactos que se descomponían debajo, en el pozo, remojándose en esa agua nauseabunda y contaminada. Formando parte de la porquería del mundo, de la que...

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Facundo

Facundo

Lee atentamente el siguiente relato:         Facundo Güiraldes, Ricardo Traspuestas las penurias del viaje cayó al campamento una noche de invierno agudo. Era un inconsciente de veinte años, proyecto tal vez de caudillo; impetuoso, sin temores e insolente ante toda autoridad. De esos hombres nacían a diario en aquella época encargados luego de eliminarse entre ellos, limpiando el campo a la ambición del más fuerte. Apersonado al jefe, mostró la carta de presentación. Cambiaron cordiales recuerdos de amistad familiar y Quiroga recibió a su nuevo ayudante con hospitalidad de verdadero gaucho. Concluida la cena, al ir y venir del asistente cebador, el mocito recordó cosas de su vivir ciudadano. Atropellos y bufonadas sangrientas, que...

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El pozo

El pozo

Lee atentamente el siguiente relato:         El pozo Ricardo Güiraldes Sobre el brocal desdentado del viejo pozo, una cruz de palo roída por la carcoma miraba en el fondo su imagen simple. Toda una historia trágica. Hacía mucho tiempo, cuando fue recién herida la tierra y pura el agua como sangre cristalina, un caminante sudoroso se sentó en el borde de la piedra para descansar su cuerpo y refrescar la frente con el aliento que subía del tranquilo redondel. Allí le sorprendieron el cansancio, la noche y el sueño; su espalda resbaló al apoyo y el hombre se hundió golpeando blandamente en las paredes hasta romper la quietud del disco puro. Ni tiempo para dar un grito o retenerse en las salientes, que le rechazaban brutalmente después...

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