Es que somos muy pobres

Es que somos muy pobres

Lee atentamente el siguiente relato:         Es que somos muy pobres de Juan Rulfo Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada. Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce...

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El primer día de otra vida

El primer día de otra vida

Lee atentamente el siguiente relato:         El primer día de otra vida Carlos Ariel Genco Mamá me despertó y recordé cuál era este día, mi primer día de clases, aunque yo ya fui a jardín y ahí hicimos actividades escolares. Mamá dice que la primaria es parecido pero que no es lo mismo, hay más de una maestra y ¡ni te imaginás en la secundaria! Me había preparado varias excusas para este momento, hasta pensé en cortarme con un cuchillo y que ella viera sangre y diga: ¡Ay no, mi chiquitín, no vamos y te quedás en casa jugando! Pero vi la cara de ella, la mirada fija cuando me despertó y no había otra, había que ir. Desayunamos y salimos, en la calle cruzamos otros chicos que también tenían guardapolvo y a medida que nos...

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No oyes ladrar los perros

No oyes ladrar los perros

Lee atentamente el siguiente relato:         ¿No oyes ladrar los perros? Juan Rulfo –Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. –No se ve nada. –Ya debemos estar cerca. –Sí, pero no se oye nada. –Mira bien. –No se ve nada. –Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante. La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda. –Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los...

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