La condenada

La condenada

Lee atentamente el siguiente relato:         La condenada Juan Carlos Dávalos Hace mucho años, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba por avenidas y caminos urbanos. Precisamente, en las noches más tenebrosas, veíasela pasar, con diferencia de minutos, tan luego por las inmediaciones del cementerio como por los arrabales próximos al río. La velocidad hasta entonces no vista que la animaba, y el intenso fulgor rojizo que despedía, dieron pábulo a la medrosa fantasía popular, que acabó por atribuirle sobrenatural origen. Y a las viejas supercherías de duendes y mulas ánimas y viudas y almas en pena, vino a incorporarse la misteriosa leyenda de la...

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El jardín de las delicias

El jardín de las delicias

Lee atentamente el siguiente relato:         El jardín de las delicias Ayala, Francisco Nuestro invernadero estaba lleno de plantas preciosas, helechos, jacintos y palmeras de variedades increíblemente diversas, que mamá cuidaba y contemplaba mucho; y si el famoso Árbol de la Ciencia, corpulento en exceso, no se encontraba allí, teníamos en cambio un naranjo enano que, desde su orondo macetón, nos obsequiaba con frutas algo desabridas, cierto, pero no por eso menos codiciadas. “Esas naranjas son para mirarlas, hijitos; no para comerlas –nos decía mama-. ¡Tan lindas como se las ve, asomadas por entre las hojas oscuras!…” También los peces, en su enorme pecera redonda, eran -¡bobitos ellos!- no más que para mirarlos. Y...

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Cómo se da una sorpresa

Cómo se da una sorpresa

Lee atentamente el siguiente relato:         Cómo se da una sorpresa Palomares, José Antonio Yo debía de tener once años, o quizá diez, o quizá doce, el día en que papá vendó teatralmente los ojos de mamá con un paño de cocina y la condujo a ciegas al salón. Mamá reía y le decía que era bobo, que era tonto perdido. —¡Bobo, más que bobo! Qué bonito era oírla reír así. Mamá no se reía a menudo, y cuando lo hacía era por cosas que nosotros no terminábamos de entender: por alguna frase suelta en la televisión que le hacía gracia, o por algo que había recordado repentinamente y que no nos explicaba. Y aquel día, sin embargo, reía como las heroínas de las películas, y parecía más joven y más guapa mientras papá...

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