Minicuentos

Minicuentos

Lee atentamente los siguientes relatos:         Soledad Pedro de Miguel    Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando. No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara...

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El viento en la bahía

El viento en la bahía

Lee atentamente el siguiente relato:         El viento en la bahía Vila-Matas, Enrique Yo tenía quince años y, por si no anduviera ya todo el día bien ocupado, me había buscado una ocupación más: había dejado que creciera en mí una súbita y gran curiosidad por todo cuanto sucedía en la calle. Tras años de ir de casa al colegio y del colegio a casa, tras años de llegar del colegio a las siete de la tarde y ponerme a estudiar geografía o matemáticas hasta las diez de la noche, y tras años de cenar siempre a las diez bajo la atenta vigilancia de mis padres y luego retirarme a mi cuarto a leer grandes novelones del tipo Guerra y Paz, ahora, de repente, se había despertado en mí un gran interés por lo desconocido: el mundo de la...

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Hagamos una lista

Hagamos una lista

Lee atentamente el siguiente relato:         Hagamos una lista Aída Bortnik – “Muy buenos días, señoras y señores pasajeros!” El cielo estaba gris, el vagón frío, éramos muchos y casi todos nos hubiéramos reconocido si alguna vez nos hubiéramos mirado. Sin embargo, la voz del vendedor sí pareció despertar una especie de recuerdo…. – “Como ven, no traigo entre las manos nada para venderles …” era casi irritante, porque el hombre hablaba con timidez abrumadora, y no resultaba sencillo con él, como con otros, limitarse a esperar que terminara, previendo su discurso y sin mirarlo. – Hace un tiempo empecé en esta tarea y aunque la mercadería que ofrezco me ha costado tan cara, que...

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