Macario

Macario

Lee atentamente el siguiente relato:         Macario Juan Rulfo Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos… Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no...

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El miedo

El miedo

Lee atentamente el siguiente relato:         EL MIEDO Valle-Inclán, Ramón María Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos1, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete2. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero3 en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo4 y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su...

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El tercero de la lista

El tercero de la lista

Lee atentamente el siguiente relato:         El tercero de la lista Hebe Monges “La vida era una partida perdida” Macedonio Fernández Cuando Masramón salió de la cárcel, empezó el descrédito de la seguridad. Baigorria, que con los otros cuatro había oído las palabras que les dirigiera, a todos y a cada uno, y retenido su manera de pronunciar las palabras, con un odio sin énfasis, pero de precisa certidumbre, la manera con que les había dicho que los mataría, como quien promete algo difícil, pero irrevocable, y por lo tanto posible, Baigorria, entonces, empezó a tener miedo. Porque Masramón había estado cinco años en la cárcel por ser su testaferro en todos los negociados que les habían resultado tan lucrativos y en...

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