Certificado de residencia

Certificado de residencia

Lee atentamente el siguiente relato:         Certificado de residencia Camilo José Cela El hombre bajó trabajosamente del automóvil. Entre su pierna derecha escayolada desde el tobillo a la ingle, el embarazo de las muletas y el peso de una cartera de mano colgándole del cuello, no le resultaba fácil moverse. El chofer del taxi, solícito, le ayudó. La compasión es uno de los últimos reductos que les quedan a las buenas formas. Renqueante, con una impericia que quedaba confirmada por la blancura del yeso recién puesto, el hombre llegó hasta el mostrador de facturación. Sujetando ambas muletas con una sola mano, ayudándose con los dientes y manteniendo un equilibrio precario, logró sacar su billete de la cartera. Se lo extendió a...

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El eclipse

El eclipse

Lee atentamente el siguiente relato:         EL ECLIPSE Augusto Monterroso Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a...

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Historia verídica

Historia verídica

Lee atentamente el siguiente relato:         Historia verídica Cortázar, Julio A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto. Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere enseguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato...

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