Cómo se da una sorpresa

Cómo se da una sorpresa

Lee atentamente el siguiente relato:         Cómo se da una sorpresa Palomares, José Antonio Yo debía de tener once años, o quizá diez, o quizá doce, el día en que papá vendó teatralmente los ojos de mamá con un paño de cocina y la condujo a ciegas al salón. Mamá reía y le decía que era bobo, que era tonto perdido. —¡Bobo, más que bobo! Qué bonito era oírla reír así. Mamá no se reía a menudo, y cuando lo hacía era por cosas que nosotros no terminábamos de entender: por alguna frase suelta en la televisión que le hacía gracia, o por algo que había recordado repentinamente y que no nos explicaba. Y aquel día, sin embargo, reía como las heroínas de las películas, y parecía más joven y más guapa mientras papá...

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Diles que no me maten

Diles que no me maten

Lee atentamente el siguiente relato:         Diles que no me maten Juan Rulfo —¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad. —No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti. —Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios. —No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá. —Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues. —No. No tengo ganas de ir. Según eso, yo soy tu hijo. Y, si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este...

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Sueños carcomidos

Sueños carcomidos

Lee atentamente el siguiente relato:         Sueños carcomidos Isaac Soto El niño tenía los pies sucios, la cara sucia y el alma sucia. Todos se preguntaban el porqué no se lavaba la cara si trabajaba llevando el agua todos los días, pero él nunca se atrevía a mirarlos ni mucho menos a responder a sus preguntas. Aunque yo sabía que en su interior, dentro de su mirada taciturna, escondía el reproche que sentía por todos. Debajo de esos pies llenos de mugre se carcomían sus esperanzas. Sus sueños eran la escoria pegada a la planta de sus pies. Tan imperceptibles como los cuerpos putrefactos que se descomponían debajo, en el pozo, remojándose en esa agua nauseabunda y contaminada. Formando parte de la porquería del mundo, de la que...

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