El Hombre, el perro y los caranchos

El Hombre, el perro y los caranchos

Lee atentamente el siguiente relato:         El Hombre, el perro y los caranchos Walter Dardo Bohmer Aunque quería acostumbrarse no podía, eran los ojos, había tenido desde chico miedo a los ojos muertos. Se hundía en ellos, creía que un brazo de humo negro podría salir de ahí y llevarlo hacia los adentros. Arrastrarlo al mundo de los andantes sin alma, de los purgantes, los vacíos. Creía que sería una luz mala. Pero el arriero debía cumplir el trabajo del patrón o no comía, de tripas corazón, colgar el cuero de oveja en la montura y salir galopando mientras los cascos levantan polvareda que se arremolina detrás como la cola de un cometa. Lo sigue el perro, sin nombre, era su simple compañía. El perro flaco que se alimenta de...

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Día domingo

Día domingo

Lee atentamente el siguiente relato:         Día domingo Vargas Llosa, Mario Contuvo un instante la respiración, clavó las uñas en la palma de sus manos y dijo, muy rápido: “Estoy enamorado de ti”. Vio que ella enrojecía bruscamente, como si alguien hubiera golpeado sus mejillas, que eran de una palidez resplandeciente y muy suaves. Aterrado, sintió que la confusión ascendía por él y petrificaba su lengua. Deseó salir corriendo, acabar: en la taciturna1 mañana de invierno había surgido ese desaliento íntimo que lo abatía siempre en los momentos decisivos. Unos minutos antes, entre la multitud animada y sonriente que circulaba por el parque Central de Miraflores, Miguel se repetía aún: “Ahora. Al llegar a la...

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Relato de un náufrago (Fragmento)

Relato de un náufrago (Fragmento)

Lee atentamente el siguiente relato:         Relato de un náufrago García Márquez, Gabriel Agité la camisa desesperadamente, durante cinco minutos por lo menos. Pero pronto me di cuenta de que me había equivocado: el avión no venía hacia la balsa. Cuando vi crecer el punto negro me pareció que pasaría por encima de mi cabeza. Pero pasó muy distante, y a una altura desde la cual era imposible que me vieran. Luego dio una larga vuelta, tomó la dirección de regreso y empezó a perderse en el mismo lugar del cielo por donde había aparecido. De pie en la balsa, expuesto al sol ardiente, estuve mirando el punto negro, sin pensar en nada, hasta cuando se borró por completo en el horizonte. Entonces volví a sentarme. Me sentí...

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