Caín

Caín

Lee atentamente el siguiente relato:         Caín Virgilio Díaz Grullón El mensajero de la oficina colocó la tarjeta sobre el escritorio, Vicente la miró distraídamente y la rodó hacia un lado con el dorso de la mano, concentrándose de nuevo en la lectura del documento que tenía enfrente. Aunque había posado por un instante los ojos sobre las letras impresas en la pequeña cartulina, su significado apenas rozó la superficie de su conciencia y fue sólo un rato después cuando las letras parecieron ordenarse en su cerebro y formar el nombre que ahora surgía con pleno significado para él. —Leonardo Mirabal —, dijo en voz alta complaciéndose, como antes, en la sonoridad de las palabras. Reclinándose en el respaldar de su lujoso...

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La enemiga

La enemiga

Lee atentamente el siguiente relato:         La Enemiga Virgilio Díaz Grullón Recuerdo muy bien el día en que papá trajo la primera muñeca en una caja grande de cartón envuelta en papel de muchos colores y atada con una cinta roja, aunque yo estaba entonces muy lejos de imaginar cuánto iba a cambiar todo como consecuencia de esa llegada inesperada. Aquel mismo día comenzaban nuestras vacaciones y mi hermana Esther y yo teníamos planeadas un montón de cosas para hacer en el verano, como, por ejemplo, la construcción de un refugio en la rama más gruesa de la mata de jobo, la cacería de mariposas, la organización de nuestra colección de sellos y las prácticas de béisbol en el patio de la casa, sin contar las idas al cine en las...

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Certificado de residencia

Certificado de residencia

Lee atentamente el siguiente relato:         Certificado de residencia Camilo José Cela El hombre bajó trabajosamente del automóvil. Entre su pierna derecha escayolada desde el tobillo a la ingle, el embarazo de las muletas y el peso de una cartera de mano colgándole del cuello, no le resultaba fácil moverse. El chofer del taxi, solícito, le ayudó. La compasión es uno de los últimos reductos que les quedan a las buenas formas. Renqueante, con una impericia que quedaba confirmada por la blancura del yeso recién puesto, el hombre llegó hasta el mostrador de facturación. Sujetando ambas muletas con una sola mano, ayudándose con los dientes y manteniendo un equilibrio precario, logró sacar su billete de la cartera. Se lo extendió a...

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