Día de Partida

Día de Partida

Lee atentamente el siguiente relato:         Día de Partida Scotty se ajustó la corbata negra de lazo, después llamó a la puerta. -Servicio de cuarto. Tras el tercer golpe sin respuesta, Scotty usó la llave maestra para abrir la puerta del cuarto de hotel. -¿Señor Williams? El camarero acababa de empujar el carrito dentro del cuarto cuando vio el cadáver. Era el señor Williams, desnudo salvo por la sangre. Una cinta roja serpenteaba a través de la alfombra, terminando junto al tocador. Frente a éste estaba tendido el huésped de edad madura, con la cabeza destrozada. Scotty salió corriendo del cuarto y chocó con una criada que llevaba toallas limpias al cuarto de al lado. El Chantel era uno de los hoteles pequeños más coquetos de...

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El colectivo fantasma

El colectivo fantasma

Lee atentamente el siguiente relato:         El colectivo fantasma Ricardo Mariño El más fastidioso de los muertos se llamaba Tomás Bondi. Frecuentemente el encargado del cementerio encontraba tierra removida junto a la tumba de Tomás y advertía que la lápida de mármol, donde decía “Tomás Bondi (1939-2004) Premio Volante de Oro al mejor colectivero”, estaba corrida un metro o dos. El finado Tomás Bondi extrañaba a su colectivo. A diferencia de los demás muertos a quienes a lo sumo se les daba por aullar o salir a dar una vuelta convertidos en fantasmas, él necesitaba manejar un poco su colectivo. Salía de la tumba, pasaba ante el encargado del cementerio, que no lo veía porque los fantasmas son invisibles, y caminaba...

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El inocente

El inocente

Lee atentamente el siguiente relato:         El inocente Juan José Hernández A José Bianco Estábamos acostumbrados a que se dijera de Rudecindo que era una desgracia para su madre, que hubiera sido preferible que naciese muerto, y otras frases por el estilo que empezaban con un piadoso “Dios nos libre y guarde”, o “Que Dios no me castigue, pero…” y que terminaban con un suspiro de resignación. Cuando hablaba de su hijo doña Teresa ponía los ojos en blanco: –¡Qué habré hecho para merecer esta cruz! –se lamentaba. Mis tías, al oírla, se esforzaban por simular una expresión de tristeza adecuada a las circunstancias: –Una madre es siempre una madre –decían luego, sentenciosamente. Doña Teresa se ganaba la vida...

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