Lee atentamente el siguiente relato:

 

El Dodvand
Raúl Montero Bustamante

Salimos del pequeño puerto de Lurik, en Noruega, después de abastecernos, y navegamos en demanda de la lejana ciudad de Bergen, sobre el Atlántico. Debíamos doblar el extremo de la península escandinava y luego poner proa al norte. Aquellas aguas son bravas; el mar hierve hostigado por el implacable viento del sudoeste que se encajona en los altos fiords y rechaza las olas deshaciéndolas en espuma.
Los marinos noruegos son terriblemente supersticiosos. Durante la travesía tuve que sufrir varias veces el contagio de sus pueriles temores, provocados por una causa de orden físico cualquiera. La imaginación de aquellos hombres no es muy espontánea, pero es peligroso excitarla. He aquí mi caso:
El Scotia llevaba cinco días de navegación cuando ocurrió el extraño suceso. Nos hallábamos frente a los fiords de Hardanger, a los 59 grados de latitud norte, y solo nos faltaban 120 millas para llegar a Bergen, que está a los 50 grados con 30 minutos. El pequeño barco marchaba con velocidad vertiginosa tumbado sobre la banda de estribor. Se había arriado el velamen y navegábamos casi a palo seco, el viento huracanado del sudoeste distendía el pequeño foque y en sus locas correrías por el cuadrante nos hacía cabecear terriblemente. Debíamos correr a 20 nudos por lo menos; las ráfagas hacían estremecer la arboladura y el barco trepidaba como un tren lanzado a la carrera.
La tripulación permanecía sobre cubierta atenta a la maniobra; sobre el pequeño puente, el patrón del Scotia gobernaba con mano vigorosa el timón sin perder de vista la aguja de marear. Yo miraba la maniobra desde la escotilla; los golpes de mar nos hostigaban por la banda de babor y el buque al cabecear embarcaba agua. Las olas monstruosas coronadas de espuma nos cercaban por todas partes.
Eran las tres de la tarde cuando amainaron las ráfagas, el mar se alisó como si hubieran derramado aceite sobre su superficie y el Scotia disminuyó sensiblemente la marcha. El agua se puso negra y un rumor sordo brotó del fondo del mar.
–¡El dodvand! –gritó una voz desde el botalón de proa.
–¡El dodvand, Dios nos ampare! –repitió el patrón con voz alterada. Yo miré hacia el mar, el viento seguía siendo fuerte pero las aguas negras se movían en ondas pesadas y densas sin formar olas. El Scotia marchaba lentamente: el patrón mandó largar el trapo y las velas desplegadas se hincharon hasta reventar, el buque dio algunos bandazos y luego quedó inmóvil, clavado en medio de las aguas, como si desde el fondo del océano lo hubiese detenido una mano misteriosa.
Conocía el extraño fenómeno de las aguas muertas; pero jamás había soñado el terror supersticioso que se siente en medio de aquellas masas de agua inmóviles. Había oído narrar a viejos marinos casos extraordinarios ocurridos en las aguas de Terranova, en la desembocadura del Orinoco, en las costas del Congo, frente a los mismos fiords noruegos en que nos encontrábamos, mas no sospechaba la terrible sensación de inmovilidad y muerte que se experimentaba cuando el misterioso dodvand aprisiona a los barcos en medio del océano.
Miré al patrón y vi que se santiguaba, los marineros hicieron lo mismo; luego arriaron las velas, bajaron a cubierta y rodearon al patrón silenciosamente. Este se dirigió hacia mí con gesto preocupado.
–Es el dodvand –me dijo con aire sombrío–.
No sé a quién busca –agregó con la misma entonación–. Hace diez años que no lo hallaba en mi camino. La última vez que tuve tratos con él fue en los mares del sur. El dodvand busca a los hombres cuando tiene necesidad de alguno de ellos. Es un ser gigantesco que vive en el fondo del mar; con una mano puede detener a un barco de 10.000 toneladas; si ahora apretase, haría astillas de nuestro pobre Scotia.
El patrón dijo todo aquello con grave sencillez, mirando con ansiedad hacia las aguas.
Yo me sentí sobrecogido y me pareció que algo extraordinario flotaba alrededor del buque.
De pronto oímos un ruido seco y extraño.
–¡Hombre al agua! –gritó una voz. Todos nos lanzamos a la borda y buscamos sobre las ondas. El agua negra estaba inmóvil. Nadie apareció en la superficie. El patrón formó a la tripulación sobre el puente.
–¿Quién falta? –preguntó.
–Es Storm.
–Ya lo sospechaba –contestó el patrón–.
Ahora el dodvand estará contento. ¡A largar el trapo! –gritó luego.
El viento hinchó las velas; el Scotia se movió pesadamente y las aguas se abrieron para darle paso; más allá las olas espumosas llegaban hasta el límite de las “aguas muertas”, donde acababa de desaparecer el dodvand llevándose a Storm.

Actividades

El cuento Fantástico

1. ¿Quién narra el cuento? ¿Qué siente el narrador en relación con los sucesos de los que fue testigo?
2. En grupos, comenten: ¿cuál es el hecho fuera del mundo cotidiano que ocurre en el cuento?

a) Investiguen qué es el fenómeno de las aguas muertas que menciona el narrador y conversen: ¿este fenómeno puede explicar todo lo que ocurre en el cuento? ¿O hay cuestiones que siguen siendo inexplicables?
b) Escribí una explicación lógica posible para lo narrado en el cuento.

Los cuentos fantásticos narran la irrupción de algo extraordinario e inexplicable en un mundo con personajes, escenarios y situaciones que podrían existir en el mundo real. En estos cuentos, el narrador no tiene completa certeza sobre si el hecho sobrenatural sucedió realmente, ni puede dar explicaciones lógicas o racionales al respecto, lo que genera en el lector y en los personajes cierta incertidumbre y sentimiento de extrañeza frente a lo ocurrido.
Los temas característicos del relato fantástico son las alteraciones espaciotemporales, la presencia de seres extraños, las transformaciones, los objetos que cobran vida, las desapariciones inexplicables, la existencia de otras realidades, entre otros.

3. Indicá con una X qué temas del género fantástico aparecen en el cuento.

__ Objetos que cobran vida.
__ Presencia de seres extraños.
__ Metamorfosis.
__ Alteraciones espaciotemporales.
__ Desapariciones inexplicables.

4. ELEGÍ CÓMO RESOLVER, pensá un nuevo elemento característico del género fantástico para agregar al cuento: podría ser la aparición de un objeto, un personaje o un suceso extraño.

• Escribí un diálogo en el que se presente el elemento.
• Incluí una descripción sobre el elemento.
• Hacé un dibujo de este nuevo elemento para incorporar al relato.

La Estructura Narrativa

1. Releé el cuento y numerá la siguiente cadena de acciones.

__ Se desata una tempestad.
__ El patrón explica qué es el dodvand.
__ Alguien de la tripulación grita: “¡El dodvand!”.
__ Repentinamente las aguas se calman y se ponen negras.
__ Alguien de la tripulación desaparece.
__ Los marineros y el patrón se santiguan.
__ El patrón forma a la tripulación en el puente para ver quién desapareció.
__ El Scotia sale del puerto de Lurik, Noruega.

a) ¿Cuáles de las acciones anteriores no son fundamentales para el desarrollo de la historia? ¿Por qué?
b) ¿Cuál de las acciones enumeradas se corresponde con el desenlace del cuento? Resaltala en color y compartan con un compañero sus elecciones.

El texto narrativo desarrolla una historia surgida a partir de un conflicto. Primero se presenta una situación inicial, en la que se expone el marco de la historia (personajes, tiempo y lugar en el que transcurren los hechos). Luego se produce el conflicto, mediante las acciones que rompen con un equilibrio inicial. En el desenlace se resuelve ese conflicto. De esta manera, se restablece la situación del inicio, o bien se establece un equilibrio nuevo.
En los textos narrativos hay acciones principales, indispensables para que el relato avance, y secundarias, que no cambian sustancialmente el curso de la historia.
Las acciones principales conforman los núcleos narrativos del relato y siguen un orden temporal y causal: cada acción encuentra su causa en la anterior y, a la vez, genera una consecuencia.

2. En el cuento, encerrá entre corchetes los tres momentos de la estructura narrativa. Luego, resumí mediante un título cada uno de estos momentos.

Situación inicial:

Conflicto:

Desenlace:

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