Lee atentamente los siguientes textos:

 

“Negra de mierda”
Juan Solá

Mirá la negra de mierda, mirá cómo lleva los nenes en la motito. Tres gurisitos sin casco, cagándose de frío, y la negra con ese culo enorme que ocupa todo el asiento. Qué hija de puta. Mirá, mirá cómo lleva a la pendejita, medio dormida, casi cayéndosele de esas piernas gordas de tanta cerveza y torta frita. Y mirá el otro, ahí atrás, agarradito como puede, tiritando, pobrecito. ¡Y mirá cómo lleva el bebé, negra hija de mil putas, metido adentro de la campera! Inconsciente de mierda, ojalá le saquen los hijos, ojalá se muera esta negra de mierda.
La camioneta arrancó, rabiosa, y se perdió calle abajo, zambullendo a la negra y sus crías en una nube de humo pegajoso. El que iba atrás tosió un poco y la motito se paró. El señor del golcito gris bocinó con furia a sus espaldas y le ordenó que se moviera, pelotuda, y la puta que la parió.
La nena en la falda abrió los ojos despacito y preguntó si faltaba mucho. La madre le apoyó la mano temblorosa sobre la frente sudada, comprobó que la fiebre seguía allí y murmuró un no mi amor, así, triste y suavecito, como los quejidos del Nazareno, que llora acurrucado contra sus tetas tibias, o como el cinco por seis treinta, cinco por siete treinta y cinco, que el Ismael recita con los brazos envolviéndole la panza llena de pan y mate cocido, porque al otro día tiene prueba y la Brenda tiene fiebre, y el Nazareno llora de hambre, y a esa hora el colectivo ya no entra hasta el barrio, y el Mario que no aparece desde la semana pasada, y la motito que se para cada cinco cuadras, y el hospital que todavía está lejos, y doña Esther que le dijo que para qué iba a tener otro hijo a los veintidós, que mejor abortara, y el Ismael que cada tanto dice que tiene frío, y la Brenda que se va quedando dormida, y la negra de mierda que le pide al Ismael que diga las tablas más fuerte, para que escuche la Brenda, para que no se duerma la Brenda, mientras que a ella le arden los ojos de tanto aguantarse las ganas de llorar de miedo.

Actividades

1. Luego de leer el texto, responde:

a) ¿Por qué las personas juzgan e insultan a la mujer? ¿Crees que tienen razones valederas para hacerlo?
b) Según estas personas, ¿qué es ser “una negra de mierda”? Estás de acuerdo con ellos.
c) ¿Qué opinas sobre los valores de las personas que la llaman así?
d) ¿Por qué crees que ninguno pensó en ayudarla? ¿Qué hubieras hecho vos en la misma situación?

2. “La mujer de la motito”, según el punto de vista con que se vea, puede ser una víctima o una victimaria.
Qué opinas sobre ella con respecto a:

a) Conducir una moto sin casco y con tres niños a bordo.
b) La violencia y falta de empatía con la que es tratada.
c) Su pobreza y falta de recursos.
d) Su papel como madre y su responsabilidad con los chicos.

3. Según lo que vimos en clase, ¿cuál es la tesis sostenida por el autor? ¿Qué argumentos da para sostenerla?
4. Ahora, lee este otro texto:

“Negra de mierda”: la violencia feminista que también nos mata

Publicado el 19/04/2020

Historias de la cuarentena

Llegué al kiosco: “No más de una persona”, indicaba el cartel pegado en la puerta. Me quedé parada esperando afuera. De frente, una jovencita demostraba en sus ojos perfectamente delineados una mirada confusa, de asombro, sin entender bien lo que estaba pasando. Se podía vislumbrar por su mirada porque el tapaboca y nariz no permitía ver su rostro completo.
Frente al mostrador de atención, una mujer castaña, alta, con una máscara facial transparente, en tono elevado y pedante le decía: “otra vez te tengo que dictar el número, pero ¿qué te pasa nena? El dialogó siguiente fue tan rápido, que no me dio tiempo a intervenir:
– Señora, háblame bien, por favor, porque yo la estoy tratando con respeto.
– ¿Y vos quien te crees que sos para decirme cómo te tengo que tratar?
– Señora, ¿me puede pasar por favor de nuevo el número de teléfono?
– ¡No! No te voy a dar nada, porque sos un pendeja maleducada, ¿sabes lo que sos vos? ¡Una negra de mierda! ¿Quién te crees que sos? ¡¿A qué hora te vas?!
– Pero señora…
– ¡¿Decime a qué hora te vas?! Gritó inclinándose sobre la chica.
– A las 5…
La mujer salió del kiosco repitiendo: “pero qué negra de mierda”. Entre culposa de no haber intentado hacer nada para poder ayudar a la piba, a esa misma piba que ahora se le saltaban inevitablemente las lágrimas de los ojos, aunque quería disimularlo. “Quedate tranquila”, fue lo primero que me salió decir. Le conté que había trabajado en un lugar público y que era frecuente que te trataran de esa manera. Otra vez estuve mal y me arrepentí de haber dicho eso apenas terminé de pronunciarlo. Lo tenemos tan incorporado que inmediatamente lo naturalizamos.
Agarré un par de cosas, las puse sobre el mostrador y ella se intentó defender: “Vos viste que yo no hice nada”. Si, lo vi perfectamente. Llegó mi novio, le preguntamos e insistimos en llamar a alguien si lo necesitaba, pero agradeció el gesto y se negó. Le pagué y salí: “Que tengas un buen día”, le dije, sabiendo que esa mujer se lo había arruinado por completo.
La violencia machista mata, pero la feminista también. Hablamos de sororidad, pero qué lejos estamos de practicarla. Hablamos de cuidarnos, pero en un arrebato se nos va la boca, agredimos y descalificamos a nuestro par. La violencia se instaló de tal manera en nuestra sociedad que por momentos parece imposible erradicarla y sí, la violencia machista contra las mujeres es un fantasma que nos persigue desde hace años, pero la violencia entre las propias mujeres, también.
Quizá, para ser un cambio profundo, en épocas de nuevos paradigmas, en la apertura de manifestaciones, escuchas y luchas, deberíamos redefinir qué tan dispuestas estamos las mujeres a respetarnos como tales y respetar a las demás, no sólo por nuestra condición, sino por la simplicidad de ser un sujeto merecedor de derecho y de respeto, en una sociedad diversa, que muchas veces paraliza y espanta.

Fuente: https://www.agenda365.com.ar/

5. Como verás, la frase “negra de mierda” también es usada en este relato. ¿Con qué intención es usada por la señora que se enoja?
6. ¿Cuál es la tesis sostenida por el autor de este texto? ¿Qué argumentos la sostienen?
7. Ahora, lee los siguientes fragmentos:

Las “malas palabras” no existen. Depende de la intención y objeto que se tuvo al expresarlas. Para lastimar a alguna persona, se utiliza algún vocablo con el significado hiriente. Si se recurre al Diccionario de la Lengua, las “malas palabras” son directas. Describen exactamente su significado, y lo hacen sin imaginar que esos términos sean ofensivos. Es el hombre quien las convierte en “buenas o malas palabras”.

 

En nuestra lengua, “las malas palabras” poseen una carga semántica única, la cual no lograríamos expresar si las reemplazáramos con alguna otra expresión, por ejemplo, si en una situación determinada nos molesta el comportamiento inoportuno o lo dicho por alguna persona, y nos sentimos con toda la libertad de ofenderla, tenemos dos opciones, o bien le decimos «eres una persona que posee poca inteligencia» o recurrimos a una grosería: «eres un idiota». Aunque en ambas formas lo que se está señalando es la poca capacidad intelectual del individuo, la segunda expresión refleja mayor énfasis en ese defecto.
Asimismo, las “malas palabras” representan una válvula de escape para la tensión por la que pasamos, al insultar descargamos a tal grado nuestro enojo, nuestra impotencia, nuestro dolor, que se podría decir que el insulto puede cumplir también una funcionan catártica en el ser humano.

 

a) ¿Estás de acuerdo en que no existen las malas palabras? Explica.
b) En los dos textos que leíste, ¿se puede decir que la gente que insulta a las protagonistas de la historia lo hace para descargar sus propias tensiones y frustraciones? ¿Cuáles crees que sean esas tensiones y frustraciones? ¿Te parece correcto?

8. ¿Qué enseñanza podemos sacar de cada relato?

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