Deméter

Deméter

Lee atentamente el siguiente relato:         Deméter Deméter, diosa de la fecundidad, dio a Zeus una hija, Perséfone, de una belleza que cautivaba a cuantos la veían. Cierto día, Perséfone, totalmente ajena a la admiración que despertaba, recogía flores junto con las hijas de Océano. Hades, el sombrío dios de los infiernos, la contemplaba en silencio y se enamoró de ella. Precipitadamente se acercó y, sin hacer el menor ruido, la llevó consigo al reino de las tinieblas donde la hizo su esposa. Cuando Deméter bajó a la Tierra a buscar a su hija, no la encontró. Anduvo errando, entonces, nueve días con sus noches sin cesar de llamarla. Al décimo día, Helios –el dios que todo lo sabe porque contempla permanentemente lo que sucede sobre la faz de la Tierra –le reveló...

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Luna

Luna

Lee atentamente el siguiente texto:         Luna Enrique Anderson Imbert Jacobo, el niño tonto, solía subirse a la azotea y espiar la vida de los vecinos. Esa noche de verano el farmacéutico y su señora estaban en el patio, bebiendo un refresco y comiendo una torta, cuando oyeron que el niño andaba por la azotea. -¡Chist! -cuchicheó el farmacéutico a su mujer-. Ahí está otra vez el tonto. No mires. Debe de estar espiándonos. Le voy a dar una lección. Sígueme la conversación, como si nada… Entonces, alzando la voz, dijo: -Esta torta está sabrosísima. Tendrás que guardarla cuando entremos: no sea que alguien se la robe. -¡Cómo la van a robar! La puerta de la calle está cerrada con llave. Las ventanas, con las persianas apestilladas. -Y… alguien podría...

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Escuela Shalaca

Escuela Shalaca

Lee atentamente el siguiente relato:         Escuela Shalaca Jorge W. Ábalos Escuela rural sobre las barrancas del Salado, en Santiago del Estero. El edificio, un rancho bajo, de adobes y palo a pique revocado y enlucido; techo de jarilla, aibe y tierra en capas espesas, lujo de regiones como ésta, donde se da la fuerte madera de quebracho colorado. El aula, con sus chicos adentro, tiene un tufillo como áspero-suave de cuerpecitos que no conocen el baño; pero apenas si echan un ligero olor silvestre, animal, y a humo de fogón. A veces identifico, por el sutil y grato aroma, a quien lleva los bolsillos preñados de las blancas rosetas de maíz. Le saco un puñadito (él se siente inmensamente importante por esto) y voy echando de uno a uno los blandos granos a la boca...

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