La manzana de La Discordia

La manzana de La Discordia

Lee atentamente el siguiente relato:         La manzana de La Discordia Cuando Peleo y Tetis se casaron enviaron invitaciones a la fiesta para todos los dioses y como no querían tener problemas en un día tan especial, decidieron que lo mejor sería no invitar a Eris, conocida como La Discordia. Eris se enojó tanto que se apareció en el banquete de bodas de todos modos. Furiosa se dirigió a la mesa donde se encontraban las diosas más hermosas: Hera, Atenea y Afrodita y arrojó una enorme manzana con una inscripción tallada que decía: “Para la más Hermosa”. Hera dijo: Debe ser para mí. Pero al instante, Atenea y Afrodita también reclamaron la manzana y pusieron a Zeus como árbitro. Zeus, no quería tomar parte por ninguna...

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Leyendas urbanas: La mujer del vestido rojo

Leyendas urbanas: La mujer del vestido rojo

Lee atentamente el siguiente relato:         La mujer del vestido rojo Cuenta la leyenda que un joven fue a una fiesta una noche de verano. Allí conoció a una chica muy hermosa que llevaba puesto un vestido rojo. El chico se enamoró de ella a primera vista, y bailaron durante toda la noche. Cerca del amanecer, ella quiso volver a su casa y él la acompañó. Había refrescado y el chico puso su abrigo sobre los hombros de la chica. Al día siguiente, el chico fue ansiosamente a la casa de la muchacha, con la determinación de verla o salir nuevamente con ella. Sin embargo, los padres de ella lo atendieron y, sorprendidos y asustados, le comentaron que su hija había fallecido tres años antes. El chico no salía de su asombro y descreía de...

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El colectivo fantasma

El colectivo fantasma

Lee atentamente el siguiente relato:         El colectivo fantasma Ricardo Mariño El más fastidioso de los muertos se llamaba Tomás Bondi. Frecuentemente el encargado del cementerio encontraba tierra removida junto a la tumba de Tomás y advertía que la lápida de mármol, donde decía “Tomás Bondi (1939-2004) Premio Volante de Oro al mejor colectivero”, estaba corrida un metro o dos. El finado Tomás Bondi extrañaba a su colectivo. A diferencia de los demás muertos a quienes a lo sumo se les daba por aullar o salir a dar una vuelta convertidos en fantasmas, él necesitaba manejar un poco su colectivo. Salía de la tumba, pasaba ante el encargado del cementerio, que no lo veía porque los fantasmas son invisibles, y caminaba...

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