Cómo ocurrió

Cómo ocurrió

Lee atentamente el siguiente relato:         Cómo Ocurrió Isaac Asimov “Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ése que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras. – En el principio -dijo-, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo… Pero yo había dejado de escribir. – ¿Hace quince mil doscientos millones de años? – pregunté, incrédulo. – Exactamente -dijo-. Estoy inspirado. – No pongo en duda tu inspiración – aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.) -. Pero, ¿vas a contar la historia de...

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Canción: El Fantasma

Canción: El Fantasma

Escucha atentamente la siguiente canción:         Fantasma Árbol Salgo volando por la ventana, y tantos días quedan atrás. Ya no me duelen, todas las cosas, que ayer me podían molestar. Son cajones que se cierran para que nadie los vea. Son palabras que no pude decir. Pero ya no me importa, porque nada me toca, y no hay nada vivo dentro de mí. Floto en el aire desde esta tarde, cuando mi cabeza explotó. Ahora el piso es de nubes y me asomo cada tanto a espiarte desde donde estoy. Y veo, y vuelo. Y veo, y vuelo. El barrio se ilumina y la noche se hace día. Brilla como un árbol de navidad. Y estoy alto muy alto, y las luces de los autos que se frenan cada tanto, y vuelven a arrancar. Y veo, a la gente corriendo como una coreografía sin fin. Y vuelo como en una...

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Twice-told tale

Twice-told tale

Lee atentamente el siguiente relato:         Twice-told tale (El cuento que se cuenta dos veces) Enrique Anderson Imbert Perseguido por la banda de terroristas, Malcolm corrió y corrió por las calles de esa ciudad extraña. Eran casi las doce de la noche. Ya sin aliento se metió en una casa abandonada. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad vio, en un rincón, a un muchacho todo asustado. — ¿A usted también lo persiguen? —Sí —dijo el muchacho. —Venga. Están cerca. Vamos a escondernos. En esta maldita casa tiene que haber un desván… Venga. Ambos avanzaron, subieron unas escaleras y entraron en un altillo. —Espeluznante, ¿no? —murmuró el muchacho, y con un pie empujó la puerta. El cerrojo, al cerrarse sonó con un clic exacto, limpio y vibrante. — ¡Ay,...

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