La encontré en Benicàssim

La encontré en Benicàssim

Lee atentamente el siguiente relato:         La encontré en Benicàssim Pep Rovira Increíble: Benicàssim, cuatro días, dos personas, 379 €. Qué mejor excusa para escaparse con Helga de la gélida Austria. Gélida por el clima, no por sus gentes. Como suele decirse, para fríos, los alemanes. Quizá Helga tuviera algo de bávara, porque sus frases más repetidas eran: Perdona, cariño, invades mi espacio –ante mi pretensión de echarle el brazo por encima- y perdona, cariño, te sudan las manos –cuando hacíamos empanaditas en el cine-. Tanta frialdad pedía sol, y un hotel en Benicàssim parecía la respuesta. Lástima que todo acabase nada más pisar suelo hispano. Lo siento, Gerhard, pero no puedo fingir más: nuestra historia...

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El pozo

El pozo

Lee atentamente el siguiente relato:         El pozo Ricardo Güiraldes Sobre el brocal desdentado del viejo pozo, una cruz de palo roída por la carcoma miraba en el fondo su imagen simple. Toda una historia trágica. Hacía mucho tiempo, cuando fue recién herida la tierra y pura el agua como sangre cristalina, un caminante sudoroso se sentó en el borde de la piedra para descansar su cuerpo y refrescar la frente con el aliento que subía del tranquilo redondel. Allí le sorprendieron el cansancio, la noche y el sueño; su espalda resbaló al apoyo y el hombre se hundió golpeando blandamente en las paredes hasta romper la quietud del disco puro. Ni tiempo para dar un grito o retenerse en las salientes, que le rechazaban brutalmente después...

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El precursor de Cervantes

El precursor de Cervantes

Lee atentamente el siguiente relato:         El precursor de Cervantes Marco Denevi Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen de Su Grandeza y le besasen la mano. Se creía joven y hermosa, aunque tenía no menos de treinta años y las señales de la viruela en la cara. También inventó un galán, al que dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de aventuras, lances y peligros, al modo de...

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