La leyenda de la Kantuta

Lee atentamente el siguiente relato:

 

La leyenda de la Kantuta

Sentado en una piedra de los Andes, el joven dios Arco Iris se lamentaba de su suerte. Para olvidar su pena lanzaba a los vientos rato a rato un pañuelo tricolor, que, trazando una gigantesca parábola, iba a tocar la cúspide opuesta. Así mataba su tiempo; luego cansado de su juego y de contemplar la belleza que él mismo irradiaba, nuevamente recogía su pañuelo para seguir rumiando su tristeza:
― La belleza que sólo dura unos instantes no tiene objeto ¿De qué me sirve ser el dueño de todos los colores? ¿Por qué debo retenerlos en mí? Es triste mi suerte porque mi belleza es fugaz. Oh, Viracocha, permite que este manantial guardado en mí sacie el afán de belleza de los mortales.
El dios de las nieves, venerable entre los dioses por su edad, escuchaba desde lejos los lamentos y nada podía hacer para consolar al joven dios.
Arco Iris lanzaba nuevamente su pañuelo, para sumergirse después en el sopor de su tristeza.
― Un dolor de fuego enciende mis entrañas. ¿Por qué ha de morir en mí lo que puedo compartir con los humanos?
En la espesura de los valles del dilatado Kollasuyo crece una planta que da flores blancas. En cierta época del año esas flores rozadas por el viento, hacen vibrar sus estambres y pistilos tan intensamente que producen melodías de singular belleza. Las gentes del lugar la llaman “kantu”, y creen que tiene el poder de inspirar a los músicos.
Viracocha, padre de los dioses, escuchó el lamento del joven dios y buscó la manera de amenguar su tristeza.
Lo llamó y lo recriminó severamente.
― Tus preocupaciones no son propias de un dios. Sólo los seres humanos viven y mueren preocupados por la eternidad. Tú eres hijo de dioses. Los dioses son eternos, como pasajeros son los hombres. He escuchado tus lamentos y he hecho mías tus desesperanzas. Escucha, Arco Iris, joven impetuoso e impaciente: te casarás con la bella Kantu, la flor blanca que vive en los bajíos de Kollasuyo, cuando la luna se encuentre en el cenit.
Arco Iris obedeció a su padre, y una noche de luna, translúcido de palidez, tembloroso de amor, atrajo a su pecho a Kantu. Aspiró profundamente su fragancia y la flor blanca se impregnó de los colores del Arco Iris.
Del raro acoplamiento germinó una hermosa flor blanca con tres colores del arco iris: rojo, amarillo y verde.
Viracocha, lleno de dicha, observó el milagro y ordenó al dios de los vientos que esparciera por los cuatro horizontes del Kollasuyo la semilla de Kantu, para que se cumpliera el deseo de Arco Iris de inmortalizarse en la Tierra.
Ésta es la leyenda de la kantuta, flor imperial de los incas, y símbolo patrio de la República de Bolivia.

 

Actividades

1- ¿Qué existía en el valle de Kollasuyo? ¿Cuál era su particularidad?
2- ¿Cuál era el motivo de la tristeza del joven dios? ¿Quién y cómo amenguó esa tristeza?
3- Según la leyenda, ¿cómo se producía el arco iris? Explica.
4- ¿Qué busca explicar esta leyenda?
5- De acuerdo a lo que vimos en clase y lo que acabas de leer, ¿qué características de la leyenda están presentes en esta?
6- Escribe el sustantivo que se forma a partir de estos adjetivos y verbos:

DULCE:
SUAVE:
SENTIR:
PENSAR:
CAPAZ:
COMPRENDER:
BELLO:
FLEXIBLE:
CÁLIDO:

7- Escribe el plural de los siguientes adjetivos y sustantivos:

ALELÍ:
CARTA:
OMBÚ:
HOMBRE:
INTELIGENTE:
SOLIDARIO:

8- Clasifica semánticamente (qué clase de palabras son) y morfológicamente (género y número) los siguientes grupos de palabras:

a) El joven dios.
b) Estas flores blancas.
c) Cuatro horizontes lejanos.

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